Benidorm.

Benidorm tiene su corazoncito.  No sólo en el nombre, de etimología inescrutable (o casi), que implica historia larga e intercambio perenne de sus habitantes con el mediterráneo como tapiz que sirve para unir las costas de los diferentes frentes. No. Benidorm no sólo tiene un corazoncito por su historia de pueblo de pescadores con raíces en lo mas profundo del acontecer de esta península. Benidorm también tiene su corazoncito en cada uno de los habitantes que viven todo el año en este lugar de la costa española, arrasado tantas veces por el desprecio hacia un tipo de turismo denostado y del que en España hemos aprovechado hasta el útimo sorbo.

Benidorm resume ese concepto en su propio nombre. En España hay otros muchos lugares así. Probablemente existan muchos otros lugares así en el mundo. Pero, probablemente también, Benidorm sea el icono mayor de esta religión del sol y playa. En un artículo en la revista Jot Down hacían esta definición de Benidorm:

Es barato, masivo y popular. Benidorm es el «Sol y Playa» para todos. No es Ibiza, ni Menorca, ni la Costa Brava, no es paradisíaco, ni envidiable, ni exclusivo. Pero es barato y tiene lo esencial: mucha playa y mucho sol. Benidorm no es nada más que eso, una playa-ciudad capaz de acoger a decenas de miles. No es perfecto, pero es para muchos.

Mentira. Benidorm sí es más que eso. Le tengo cariño a Benidorm. Mi tía, Nuria Moltó, tenía un hotelito frente a la playa (de poniente, creo) en Benidorm, cuando aquello era un descampado al que fui una vez de pequeño. Era un hotel con un nombre precioso, Marola, que significa movimiento de olas grandes en el mar. Benidorm tiene a sus habitantes, a los benidormenses. Benidorm es mucho más que una playa-ciudad. Benidorm, como todos los lugares, es mucho más que sus paisajes y sus construcciones. Benidorm también es su gente.

Con toda su historia, su casco antiguo, su edificación vertical que te guste o no tiene su aquél, su sol y playa para la humanidad entera, su turismo “barato” y su orilla del mar abarrotada, Benidorm tiene mucho encanto. Y, además, es el lugar de residencia más de 60.000 personas, que componen su población estable. Sesenta mil benidormenses, que tienen que vivir todos los días en esta población barrida continuamente por oleadas de turistas, que no se preocupan más que de su semana de estancia y que cuando se van con la resaca de su primera embestida probablemente no miren atrás.

Entre esos más de sesenta mil habitantes, hay un niño, hijo de Miguel, que para el día de su primera comunión decidió donar el importe de todos sus regalos. Al hijo de Miguel no le gustan los regalos, le agobian, y por su primera comunión decidió que prefería donar el importe global a ayudar de alguna forma a los demás. En esa época, además, a alguna persona cercana a la familia le habían diagnosticado cáncer, por lo que el niño quería ayudar a encontrar soluciones para curar esa enfermedad.

El padre del hijo de Miguel, es decir, Miguel, se puso a buscar cómo obtener el mejor provecho para ese dinero y, con buen criterio (a mi juicio, claro), optó por la asociación “Apadrina la Ciencia”, que tiene como fines fundacionales “promover la investigación y el desarrollo de proyectos, fomentar la divulgación científica prestando especial atención a los más jóvenes y promover el patrocinio, mecenazgo y microdonaciones para apoyar la investigación científica en España“.

De esta forma, gracias al apoyo de algunos corazoncitos de Benidorm, de los corazones de personas que viven y trabajan en Benidorm, ha surgido el premio “Benidorm Amb El Teu Cor” (Benidorm Con Tu Corazón), cuyo objetivo radica en fomentar la investigación de temas relacionados con la salud. Los corazoncitos de Benidorm fomentan y contribuyen a que la investigación mejore los corazones de todos los demás. De todos nosotros. Un corazón muy grande.

En este año 2018 se ha convocado la segunda edición, para premiar la mejor “Tesis Doctoral en enfermedades cardiovasculares o en investigación aplicada al deporte”. Según las bases de la convocatoria, este premio “reconocerá la mejor Tesis Doctoral realizada en España en investigación sobre enfermedades cardiovasculares o en investigación aplicada al deporte. El Premio tendrá una dotación de 5.940 euros que se entregará de la siguiente manera: 500 euros y un diploma acreditativo al investigador que ha realizado la Tesis y 5.440 euros al grupo de investigación donde se haya realizado la misma“.

El fallo del jurado se producirá en los próximos días y la entrega del premio se realizará en una calle de Benidorm, el sábado 3 de noviembre. El Ayuntamiento de esta ciudad, que también apoya esta iniciativa, ha dado permiso para la utilización de un espacio público para la entrega del premio.

He ido muchas veces a Benidorm, a ver a mi tía, que falleció a principios de este año. Me bañé en su mar de pequeño y también me he bañado de mayor. Por su agua tibia y limpia no pasa el tiempo. Mi tía, benidormense de corazón, tenía un piso en el pueblo de Benidorm y debo de ser uno de los pocos visitantes (al menos en porcentaje) que ha dormido en un piso en el centro del pueblo. Desde que murió mi tía no tenía más excusa para ir. Ahora vuelvo a tenerla. Hay un corazón que late en esta ciudad. Habrá que cuidarlo.

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