Conduje remolques en la mili, en prácticas de conducción en el cuartel, hace casi 40 años. Nunca más había vuelto a llevar uno. Hasta hace un par de meses cuando Loren, #BMWi3 y yo nos fuimos hasta Mladá Moleslav a participar al Rally de Bohemia del Campeonato FIA de vehículos eléctricos.

El coche con el que tiramos de nuestro remolque, en el que iba subido el i3, era un Škoda Superb Combi 2.0 TDI de 190 caballos, con cambio automático DSG. Nuestro recorrido pasaba por Irún, Burdeos, Lyon, Stuttgart y Praga, a pocos kilómetros de Mladá Boleslav. Teníamos que estar el viernes por la mañana en nuestro destino, pero por cuestiones de trabajo no fuimos capaces de salir antes del miércoles a las cuatro de la tarde desde Madrid. El viernes teníamos que reconocer los tramos antes del rally, por lo que lo ideal era estar descansados por la mañana. Es decir, nuestra intención era llegar a Mladá Boleslav el jueves por la noche, para dormir bien y ponernos a trabajar el viernes con el cuerpo descansado.

En resumen, teníamos que recorrer 2300 kilómetros en unas 30 horas, paradas y descansos incluidos. Estaba claro que no íbamos a parar a dormir. Por la noche nos turnaríamos Loren y yo entre el volante y el asiento de la derecha. Yo me duermo prácticamente en cualquier sitio, por lo que para mí no iba a ser un problema. En un viaje así de largo íbamos a probar cuánto de cómodo era “vivir” en el Superb Combi.

Llevamos el coche bien atado con cinchas en las ruedas para que no se desplace bajo ningún concepto. Todo listo. Nos vamos.

Empiezo yo. Miro por el espejo, veo el morro del i3 que acabamos de subir al remolque, arranco y la primera sorpresa es que nos sigue. El objetivo es ese. Para eso tenemos un remolque y para eso hemos subido el i3 al remolque. Para que nos siga y que podamos bajarlo en Chequia para correr en el rallye. Todo es racional. Pero cuando arrancas, te llevas la sorpresa. No estás acostumbrado, yo al menos, a que las cosas que ves por el retrovisor del coche sigan ahí cuando el coche se mueve. En marcha, la imagen por el espejo central de los coches siempre está en movimiento. Eso siempre ha sido así en mi vida, salvo cuando corría carreras de coches, que a veces llevabas uno detrás muy pegado, al rebufo, con aviesas intenciones para adelantarte. #BMWi3 estaba ahí, al rebufo, no sé si con aviesas intenciones, pero durante todo el viaje estuvo a nuestro rebufo. A pesar de eso y de las muchas horas en esa situación, después de casi 5000 kilómetros recorridos, en ocasiones todavía miraba por el espejo central para ver el tráfico que venía por detrás. Las costumbres no desaparecen en un rato.

En España no se puede circular a más de 80 km/h con remolque. Salimos a esa velocidad, parada en el kilómetro 146 de la carretera de Burgos a comer unas tortillas después de más de dos horas de viaje por un atasco debido a un accidente. Todo perfecto. Las mayores pendientes de todo el viaje las encontramos a la salida de Madrid, en el puerto de Somosierra en la NI. El Superb Combi, con el cambio en modo automático, gestiona perfectamente la subidas y las bajadas y las velocidades lentas de los atascos. Con el control de crucero, la conducción es muy cómoda. Seguimos nuestra ruta después de las tortillas, paramos antes de la frontera para repostar e ir al baño y seguimos camino de Francia. Cruzamos la frontera más o menos a las 11 de la noche. El i3 nos sigue.

Sigo yo al volante. Loren duerme un rato mientras llegamos a Burdeos (está cansado, estuvo casi toda la noche previa al viaje fotografiando al Ferrari Portofino que hemos probado en km77.com). Una autovía cortada nos hace dar una vuelta no prevista, pero finalmente encontramos la carretera hacia Clermont-Ferrand. Parada, nuevo repostaje y cambio de conductor.

En cuanto suelto el volante, reclino el asiento de la derecha algo más que Loren y me duermo inmediatamente. A las tres horas Loren me pide un relevo de nuevo. Está saliendo el sol (imagen). Son malas horas para estar despierto, pero después de mi siesta estoy fresco como un lirio. Loren duerme a mi derecha. Le da el sol en los ojos pero ni se inmuta. Dos horas más tarde, relativamente cerca ya de la frontera alemana (unos 250 km), Loren se pone a los mandos de nuevo. Por las autopistas francesas podemos ir a 110 km/h lo que supone ir un 40% más rápido que por España. Es una diferencia enorme. Los límites de velocidad los conocíamos, pero por si acaso, el navegador del Superb Combi nos avisaba a la entrada de territorio francés.

Los inconvenientes son otros. La necesidad constante de parar cada poco, para pagar los peajes carísimos, y que durante un tramo largo tenemos que circular por carretera porque no hay autopista. Con todo, las autopistas francesas son excelentes y sobre las 10:30 de la mañana cruzamos la frontera alemana.

El Superb Combi funciona perfectamente y nos ha dejado conducir y dormir en la gloria. El remolque va bien, las cinchas con las que sujetamos el coche siguen en su sitio y el coche también. Después de las primeras 20 horas de viaje, todo va perfecto. Sólo nos queda cruzar el sur de Alemania, todo el rato por autopista, y entrar en Chequia un ratito, para llegar a nuestro destino. Loren que era la primera vez que se ponía a los mandos de un coche con remolque me comentaba durante el viaje que pensaba que iba a ser más complicado. Que respecto a la conducción sin el remolque, donde notaba que tenía que tener mayor cuidado era en las frenadas, que había que calcular con precisión esta maniobra para evitar que el remolque dé un empujón al coche. Y, entre risas, comentaba el par de sustos que se llevó cuando al mirar por el retrovisor central, veía un coche al rebufo.

Si cuando paramos justo antes de cruzar a tierras francesas fue un camionero el que vino a preguntarnos sobre nuestro equipo de carreras, al poco de entrar en Alemania éramos nosotros quienes nos poníamos a admirar y a dar vueltas alrededor de otro equipo. A pesar de la diferencia de edad entre Loren y yo, ambos nos quedamos mirando el Audi 80 Coupé de competición que había sobre la plataforma que paró junto a nosotros.

A las 11 de la mañana todo parece muy sencillo, pero cruzar Alemania se convierte en un suplicio. Atasco tras atasco tras atasco, con Loren a los mandos casi continuamente. El problema de los atascos no es la incomodidad, que también. Pero en el Superb Combi, con el cambio DSG (de doble embrague), pasar por los atascos es muy sencillo y descansado (todo lo descansado que puede ser un atasco), porque no hay que pisar el embrague. Pero pasan las horas y no avanzamos y en las zonas de obras (inacabables) los carriles son muy estrechos y el remolque muy ancho. Tenemos en múltiples ocasiones prohibido circular por el carril izquierdo y nos vemos relegados a la “cola” de los camiones.

Casi de noche, cruzamos la frontera Checa. A nuestro destino llegamos a las 10:30 de la noche. No sabemos a qué velocidad podemos circular por Chequia. El indicador de velocidades del Superb Combi no indica la velocidad máxima con remolque. Pero nos la inventamos y decidimos ir ligeritos. Llegamos a nuestro destino con Loren al volante, él no ha hecho la mili, nunca ha llevado un remolque y ahora le toca maniobrar. Entre mis indicaciones, lo poco que se ve y que nunca ha maniobrado con un remolque, tardamos un poquito en aparcar, pero lo conseguimos.

Yo no estoy físicamente cansado, pero mentalmente sí estoy agotado. Creo que Loren tampoco estaba cansado físicamente, aunque él se ha pegado la mayor paliza del viaje, porque en la mayoría de atascos ha conducido él. Sin embargo, se queda hablando un buen rato por teléfono mientras yo me pego una buena ducha en la habitación del hotel. Cuando llega Loren, ya estoy acostado y durmiendo. No estaba cansado físicamente, pero una buena cama no tiene precio.

Al terminar el rally nos dirigimos al Castillo de Sychrov subidos al #BMWi3. El hotel situado junto a este bonito castillo ha sido nuestro campamento base. Cargamos el i3, lo volvemos asegurar con las cinchas y nos ponemos en camino. El viaje de vuelta es mucho mejor. Lo tenemos claro. Decidimos cruzar Alemania de noche. Viva la diferencia. El Superb Combi nos trae de vuelta a casa. Empleamos cuatro horas menos que a la ida. Cuatro horas perdidas que pasamos a la ida en los atascos alemanes.

El consumo medio del Superb ha sido de 9,1 litros cada 100 kilómetros. Tirando de los 1700 kilogramos del peso remolcado. Un gustazo.

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