Diario esporádico de un paciente del Servicio Madrileño de Salud.

Empiezo a escribir el 20 de julio. 08:00 horas

(Viene de aquí)

Después de admitirme a trámite en mi primera visita a urgencias, un celador me acompaña hasta una sala de espera en la que hay varias personas sentadas. No soy capaz de juzgar si son muchas o pocas. No sé cuántas de esas personas son enfermos y cuántas familiares que les acompañan.

Después de la bajada de la fiebre me siento mejor y espero sin excesivo malestar hasta que me llaman.

— Hola Javier. ¿Qué hace un hombre como usted aquí a pasar la noche de un viernes?

— Pues no lo sé. Me encantaría saberlo. Tengo fiebre, dolores en el abdomen y musculares por todo el cuerpo de la fiebre. Empecé hace 15 días, más o menos, con unas décimas y malestar. Me tomaba un analgésico y me desaparecía la fiebre y el malestar. Así he estado durante unos 15 días. Hasta ayer, que empecé a encontrarme peor. Esta noche me ha subido mucho la fiebre y el malestar y he venido

La doctora, muy joven, me ausculta, me palpa el abdomen y pide que me hagan unos análisis de sangre.

En la exploración no aparece nada anormal. Me pregunta por viajes fuera de Europa (nada), por náuseas (liger as), por deposiciones (más o menos normales), por relaciones sexuales de riesgo. Ninguno de estos factores parece que conduzcan hacia alguna línea de investigación clara.

Tras los análisis, aparecen indicadores de infección vírica, me receta analgésicos potentes, me deriva a medicina interna, solicita una ecografía abdominal y un análisis serológico que debe ayudar a realizar el diagnóstico. En este análisis aparece un PCR elevada (Se eleva por inflamación o infección), linfocitosis (mismos motivos) y una analítica del hígado ligeramente alterada. Necesitamos más pruebas para el diagnóstico.

Sin diagnóstico no hay pronóstico y sin pronóstico no hay tranquilidad. Parece una virasis. En el diccionario de la RAE aparece virosis, pero todos los médicos a los que escucho le llaman virasis.

He llegado sobre las 11:30 de la noche. Son las cuatro de la mañana del sábado día 6 de julio. Regreso a casa. Vivir sin diagnóstico cuando el dolor es tan elevado, incrementa el dolor y la ansiedad.

Por la mañana del sábado ya tengo en casa los analgésicos. Me han recetado dos diferentes. Los intercalo cada 4 horas en las fases de más fiebre y malestar. Las horas pasan despacio.

(Sigue aquí)

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