Os presento a mi coche, es el Ford Vignale 2.0 TDCI SB, al menos no aparece ninguna otra denominación a la vista. Definirlo en pocas palabras es harto complicado, podría hablar de una ranchera, o familiar cómodo al uso, pero es algo más…bastante más…

Voy a relataros la percepción del cliente. En primer lugar su aspecto exterior: Simplemente imponente, con sus 4.87 m se desliga de sus hermanos de gama con una identidad bastante acusada, con rasgos como esa calandra que se nos presenta con aires cuidados profusamente rodeada de una línea cromada que recorre el frontal desde los antiniebla. Los faros matriciales de led culminan la tarjeta de presentación.

El lateral comienza a sumergirte en la idea de que no es un Ford Mondeo, digamos ordinario; sus llantas de 18 pulgadas unidas a la línea baja cromada ascendente, en consonancia con el contorno cromado de las ventanillas, las barras de techo y el distintivo logotipo Vignale detrás del paso de rueda nos hablan de ese algo más…

La parte trasera detalla una línea cromada, que recorre el ancho del coche, dos tubos de escape cromados, y reales, y el nombre evocador en el centro del portón, bajo la matrícula: Vignale.

Pasemos al interior, estamos rodeados de cuero en puertas, salpicadero, asientos, alfombrillas gruesas y extrasuaves…cuero perforado bicolor en los asientos y con pespuntes en todo el habitáculo, exceptuando el techo.

Puedes estar horas, mejor dicho kilómetros en esos asientos, recogen muy bien el cuerpo en su posición original, el mullido es firme, y además son multicontorno, eléctricos y cuentan con refrigeración, calefacción y masaje. Recordad ese algo más..

La habitabilidad es excelente, mide 1.85 m de anchura, y su batalla es de 2.85 m, por lo que cinco adultos no pasan apreturas. Mi ejemplo como botón, mido 1.85 m, firmo más de cien kilos y detrás no tengo problema alguno, ni para colocar los pies bajo el asiento delantero ni para acomodarme sin tocar el techo. Hay coches más grandes…

Desde el interior puedo hablar de Comodidad, desde el navegador de ocho pulgadas, el sistema de audio de doce altavoces, la pantalla semidigital del cuadro, los micrófonos interiores que aminoran el ruido exterior, los cristales dobles laminados o las tomas USB puedo afirmar que navegar por la ciudad se hace más cómodo. Además, algún cuello hace girar, posiblemente de algún propietario de más de un alemán.

El maletero cubica 525 l, una cifra que cumple con expectativas altas su uso, pudiendo llegar a meter objetos de hasta 1.97 m sin problema hasta los asientos delanteros, cuenta con cortinilla retráctil, un piso consistente y huecos muy prácticos junto a sendos ganchos a cada lado. Está muy bien rematado.

En ciudad no es el coche ideal, pero fuera de ella se desenvuelve con honores. Disponemos de un motor biturbo de 210 CV, con 450 Nm de par, asociados a una suave caja automática powershift de seis relaciones con modos normal y sport y podemos acelerar de 0 a 100km/h en 7,9 segundos ( con 1630 kilos ). Esto significa que cualquier requerimiento al pedal del acelerador es socorrido de forma contundente, es un placer circular con él, ya que la sensación de dominio sobre el coche es muy alta, si bien no es tremendamente reactivo; su contundencia, que es real, se muestra muy progresiva. En modo sport es fácil percibir acústicamente esa contundencia, y esto es adictivo, será en parte gracias a sus levas solidarias con la dirección.

La dirección es muy directa, y con unos neumáticos 235/45 R18, en este caso Pirelli P-Zero Rosso la diversión, y el agarre, están asegurados.

En cuanto a los consumos, mantiene una media de 7,2 l, subiendo en ciudad hasta bordear los 8 l, y bajando en carretera hasta los 6,8 l. Pueden parecer altos, pero como digo yo… Nobleza obliga…

No os puedo decir que me tiene enamorado porque ya lo podéis suponer. Seguiré disfrutando de mi particular “Eleanor”, de mi algo más.

Espero que hayáis pasado un rato agradable en estos días complicados.

Ernesto

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