Señores y señoras,

Estoy lento este mes. Muy lento.

La idea de volver atrás me resulta acongojante (qué gran palabra), y vivo en un sinvivir.

Este fin de semana ya no me he atrevido a salir por culpa del maldito brote de Hospitalet y hoy solo me he aventurado a sacar al perro.

Eso me ha permitido beber un poco, comer más y cargarme una persiana de casa. Si no tuviera la lavadora en el balcón y esa fuera precisamente la persiana que me cargue, hasta tendría gracia. Ahora, para lavar la ropa, tengo que salir por la ventana. Ojalá fuera una broma, pero no. No es ninguna broma.

Este año no va a dejar de sorprenderme.

En fin, hablemos de lo nuestro.

Mañana se estrena El colapso. En Filmin.

Es una serie de seis episodios, en seis planos secuencia. En serio: cada uno es un plano secuencia. Es una puta locura.

Lo mejor es que les sale bien. La serie es algo espectacular, pero hablaré de ella en mi próximo post.

En este quiero hablar de Tom Hanks y Greyhound.

Greyhound es una peli sobre un barco que se encarga de proteger un convoy destino Gran Bretaña, lleno de mercancías y armas. Imprescindible para que Inglaterra pudiera sostener el esfuerzo bélico en plena Segunda guerra mundial.

El convoy tiene que sortear a un montón de submarinos alemanes empeñados en cargarse a la caravana marítima lo antes posible.

El capitán del barco que encabeza la marcha es un tipo recio, religioso, implacable pero honesto. El tipo que interpreta al capitán del barco es Tom Hanks. Y Tom Hanks es un actorazo bestial, inalcanzable. Tom Hanks es nuestro Spencer Tracy.

La peli dura hora y media (hora veinticinco sin créditos), que ya es un milagro bestial.

Durante esa hora y media no se da tregua de ninguna clase al espectador, que asiste a una interminable (en el buen sentido) de batalla marítima. Batalla sin cuartel, filmada espléndidamente, con guion del propio Hanks.

Es un capitán sin experiencia, pero con oficio y pasión (el personaje) y Hanks lo clava. No es que sea una novedad, pero qué gusto verle actuar. Es como ver a un mago de primera clase. No importa cuantas veces vayas a su espectáculo: nunca logras pillarle los trucos.

El filme había sido concebido como un gran estreno cinematográfico y ha acabado en Apple TV, lo que -no nos engañemos- es una gran putada. Tener que ver una película con este nivel de espectacularidad en casa (aunque tengas una tele de 80 pulgadas o un proyector pro, no es lo mismo).

El propio Tom Hanks se ha lamentado de que las cosas sean así, pero Apple (que tiene algo de dinero) ha pagado 70 millones de euros al estudio que ha producido la película y éste ha preferido ponerse en modo conservador: la taquilla es impredecible; los 70 millones ya los tienes en el banco.

Aun así, una de esas apuestas seguras para pasar un buen rato frente a la tele: una peli sólida como una roca con un reparto cojonudo.

Pasado mañana les hablo de El colapso.

Abrazos/as,

T.G.

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