Buenas tardes, amigos y amigas,

¿Qué tal vamos?

¿Qué bien empezar así, eh? Con educación y buenos modos.

Bueno, voy a estropearlo enseguida: hasta los huevos de que la puta mierda de las mascarillas se haya convertido en una suerte de cuestión política que no logro explicarme. Oye, llévala. Si no lo haces por ti, hazlo por los demás.

Fin del asunto.

Hoy quiero hablarles de las cuatro secuelas de Tiburón que están en Netflix.

No, la verdad es que no, discúlpenme.

Me gustaría hablarles (ahora en serio) de The outpost.

Lamentablemente, no está disponible en ningún sitio en España. No es culpa mía.

Yo la he visto porque algunos canales tienen la deferencia de enviarme sus mierdas para que yo pueda verlas. The outpost es la historia real de una unidad de los marines situada en Afganistan, que fue atacada por cientos de talibanes. La película -para que nos entendamos- es una especie de Black hawk down, en la que durante dos horas hau guerra, guerra y guerra. Muy bien dirigida, con un presupuesto humilde y un reparto lleno de desconocidos, pero muy digna.

Yo qué sé. Si les interesa, búsquenla. Si esperan un poco, alguien la traerá, pero no tengo más detalles.

La que sí pueden ver… si tienen Orange TV, es Normal people.

Es una serie bastante cojonuda basada en las novelas de una escritora llamada Sally Rooney, que cuenta la historia de dos chavales que se enamoran y les sigue a lo largo de un dilatado periodo de tiempo. Para mi gusto le sobra un par de episodios y la primera parte es espectacular (doce episodios en total; los seis primeros son maravillosos), pero sigue siendo un ejemplo de que no hace falta complicarse la vida para hacer algo bonito.

La serie esta en Starzplay. Ya, yo tampoco conozco demasiado el canal, pero si tienen orangeTV échenle un ojo.

Y llegados al ecuador de este post, déjenme pedirles algo.

Vayan al cine.

En Barcelona, ahora mismo, se plantean cerrar cines y teatros de nuevo. No los bares y los restaurantes, no: cines y teatros.

Es algo bastante surrealista: puedes ir a un bar con veinte amigos, sin mascarilla, y ponerte como el quico. Pero no puedes ir al cine con tu amigo o tu amiga, porque es extremadamente peligroso. Obviamente, yo no entiendo nada y los que mandan tampoco. De hecho, nadie entiende nada.

Ayer hubo un rebote generalizado en el sector cultural cuando se conoció la noticia. Pero el músculo del sector es mínimo.

Ojo, yo no digo que haya que cerrar bares y restaurantes. Es más, estoy seguro de que hay mucha gente siguiendo las normas a rajatabla. Lo que me cuesta entender es que cuando se piense en las primeras medidas para tratar de detener el rebrote, lo único que les venga a la cabeza sea chapar los cines. No lo entiendo.

Uno puede pillar un ave y sentarse dos horas y media al lado de un desconocido.

Puede pillar un avión, pedir unos cacahuetes, quitarte la mascarilla (al lado de un desconocido) y comértelos. Pero no puedes ir al cine.

No hay estrenos, todo son reposiciones, y encima esto.

No sé amigos, es para cabrearse, aunque sea ligeramente.

Les dejo con esta reflexión y reiterando mi ruego: vayan al cine.

Abrazos/as,

T.G.

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