Amigos y amigas,

Pues nada, mañana pasamos a fase 1. Hablo de mi ciudad, de Barcelona.

Les diría que estoy aterrorizado. De hecho, se lo voy a decir: estoy aterrorizado.

He empezado a ver ya hoy el despiporre en mi barrio, que es un barrio tranquilo.

Hasta mi perro ha querido volver a casa antes, él que es muy de salir el pobre.

Ojalá sea solo yo el cobarde pesimista.

Al tajo:

Estos días he seguido viendo mierdas.

Aléjense de una serie en Netflix que se llama ControlZ. No les voy a contar nada más, solo les pido que se alejen lo más rápido posible. Háganme caso.

Hoy empezaba el DocsBCN, un festival de docus. He visto dos cosas interesantes. Ninguna de las dos era excelente o una obra maestra, pero tenían miga.

La primera se llamaba Space dogs. Y va… miren, en realidad y con la excusa de la primera perra que enviaron al espacio, se monta una historia bastante bonita, con un punto surrealista, que me parece indescriptible. Si son ustedes cinéfilos, es bastante probable que les parezca muy bello. Si lo son menos, igual quieren cortarme el cuello con una cucharilla de café oxidada. Para que me duela más.

La otra se llama Songs of repression y es un documental tenebroso. Y cuando digo tenebroso, quiero decir tenebroso. Explica la historia de la Colonia Dignidad, aquel sitio en Chile en el que en los años 60 se instaló una especie de predicador alemán llamado Paul Schafer. Schafer era en realidad un ex-militar nazi, acusado en varias ocasiones de abusos a menores y huido a Sudamérica sin que nadie supiera muy bien quién era aquel tipo.

El señor Schafer era un hijo de la gran chingada que con la complicidad de la dictadura convirtió aquel sitio en una franquicia del infierno. De nada sirvió que los que lograron huir denunciaran que allí se torturaba a todo el mundo (mujeres y niños incluidos) de forma sistemática, o que había prisioneros o que el régimen ‘depositaba’ allí a los indeseables. No sirvió de nada: la colonia siguió funcionando hasta que Schafer se fue por su propio pie.

Le capturaron en Argentina en 2005. Fue extraditado a Chile, condenado por 25 casos de abusos y encarcelado. Murió en la cárcel.

Sin embargo, el sitio sigue en pie y unas cuarenta personas, la mayoría ancianos, siguen viviendo allí. El documental trata de hacer una suerte de retrato de aquellos tiempos con las voces de esa gente.  No les voy a engañar: están todos como campanas.

Hay un momento en que un tipo habla de las descargas eléctricas, en si son útiles o no, y en su extraña visión del asunto. Hasta que de repente para y dice:

-Hace buen día, ¿eh?

Otra cosa es cuando salen los viejos cantando canciones alemanas (los residentes de la colonia eran casi todos alemanes, muchos de ellos con afición por llamar a taxis en el 3er Reich, no sé si me explico), que ahí ya se te pone la piel de gallina.

Está hoy y mañana en Filmin, si no lo he mirado mal. Dense prisa, si están de humor. Da miedo, pero te das cuenta de que, por muy jodido que estés, tampoco estás tan mal.

Y para acabar, he visto que está en Netflix (no sé si es nueva o ya estaba y se me había escapado) Hijos de los hombres. Es un peliculón demencial, por bueno, de Alfonso Cuarón. Muchos/as ya lo habrán visto. Los/as que no, no sé a qué esperan.

Van a quedarse a cuadros.

No se informen, no quieran saber nada: simplemente échenle un ojo.

Abrazos/as,

T.G.

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