¿Qué tal amigos y amigas?

Acabo de enterarme de que Kobe Bryant y su hija han muerto en un accidente de helicóptero y me he quedado de piedra. No les soltaré discursos sobre el asunto, simplemente les diré que no pierdan el tiempo con memeces. La vida es jodidamente corta.

Mientras espero que pongan de una vez otro capítulo de El visitante (maldita sea, me tiene enganchadísimo) les voy a hablar de un par de cosas que me parecen interesantes.

La primera es la última película de Todd Haynes, un manifiesto bastante relevante sobre la irresponsabilidad de ciertas compañías que contaminan todo lo que tocan y con las que nunca pasa nada. Es ficción, pero no, basada en mil casos reales, con una gran actuación de Mark Ruffalo en el papel de un abogado metido en un caso de acción civil. Para entendernos, hablaríamos de algo en la misma línea de Erin Brokovich, pero sin la sofisticación visual de Steven Soderbergh.

Cuidado, porque Todd Haynes es un director que siempre dota a sus películas de un envoltorio escenográfico brutal, pero aquí se nota su voluntad de ser crudo, casi como declaración de intenciones. Le funciona bastante bien en ocasiones, en otras la textura es de telefilme. Pero ojo, no de telefilme barato de domingo tarde en Antena 3, más bien uno de esos que podías ver en La clave los viernes por la noche. Ese programa maravilloso.

La otra cosa que me ha gustado bastante esta semana es el piloto (o el primer episodio, no quiero polémicas) de Picard, en Amazon Prime.

Quiero aclarar que, aunque siempre he sido un gran fan de Star wars,  no puedo decir que me pase lo mismo con Star trek. He visto todas las películas, he disfrutado algunas de ellas, los remakes de JJ Abrams me parecieron muy entretenidos. Lo que más me ha gustado es Star trek Discovery (en Netflix), que tiene unos guiones bastante acojonantes y que apuesta por la complejidad sin tener que recurrir a trucos del toco-mocho.

Por eso me ha sorprendido Picard, que está más cerca del Eastwood más crepuscular que de Abrams y que tiene muchas cosas de mérito. Cuenta la historia de Jean-Luc Picard, uno de los grandes héroes de la flota interestelar, que decide que debe volver a la carga después de recibir noticias algo siniestras. No, no voy a hacer spoilers. Aquí no hacemos spoilers hasta seis o siete meses después.

La serie tiene pintaza, veremos si son capaces de desarrollarla como se merece.

He visto más series (como seis más), pero lo único que me ha parecido reseñable es Cheer (también en Netflix), que explica la historia de un grupo de cheerleaders en una competición. Muy adictiva y excelentemente narrada.

Podría acabar comentando los Goya, pero es que no hay nada que me importe menos que los Goya, con la gloriosa excepción de los Feroz, que son unos premios directamente ridículos.

No me interesó Dolor y gloria, que es –eso sí- mucho mejor que lo anterior de Almodóvar, lo cual tampoco era muy difícil, viniendo de donde veníamos. Sí que recomiendo O que arde y La trinchera infinita.

La gala me pareció un horror, los presentadores no tenían gracia y los gags eran el infierno sin llamas.

Hasta aquí mi valoración.

Besos, queridos y queridas, y mucha fortuna.

T.G.

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