Tómense este post de verano, como eso: un post de verano.

Más cortito, más fresquito, más picadete, más sabrosón.

No, esto no es una sección fija, ni un atajo, no significa que dejo de ser el hijo de puta de siempre. Solo que hoy me apetecía hacer algo más ligero, porque entre el puto verano (odio el puto verano), el puto covid (odio el puto covid) y la puta calor (odio la puta calor), no hay manera de vivir como una persona.

Así que hoy les ofrezco mi versión más puto positiva, para sacar todo lo bueno de la vida y blablablá.

Y para ello voy a comentar una peli que se estrena este sábado en Netflix y que es una de mis favoritas.

Se llama Instinto básico.

(Ya lo sé, ya veo alguna ceja enarcada y algún amago de queja, pero es que -que yo sepa- la peli no estaba disponible en ninguna plataforma)

Recuerdo cuando vi por primera vez la peli. Que es una peli loca, punk, cachonda, perversa y cualquier otro adjetivo ‘malévolo’ que quieran ponerle al cabronazo de Paul Verhoeven, que fue su responsable.

Verhoeven es un puto genio y así hay que reivindicarle cada puto día de la semana: Desafío total, Robocop, Los señores del acero, Starship troopers (puta obra maestra) o El libro negro. Pasaremos de puntillas y con discreción por esa cosa llamada Showgirls porque todos podemos tener una mala tarde.

Instinto básico fue su mayor éxito comercial, la consagración de Sharon Stone, la prueba de que Jerry Goldsmith no podía hacer una mala banda sonora (esta era una maravilla, con homenajes a Bernard Herrman y guiños a Frank Waxman) y la demostración de que Hollywood también podía volverse loco.

Una (presunta) asesina bisexual, otra (presunta asesina) lesbiana, un policía que va con jerséis de cachemira a clubes raros, punzones de hielo y gente mala. Gente muy mala.

La historia arranca con un asesinato en pleno polvo, ya directamente, porque el tiempo es oro. Luego se añade el hecho de que la presunta asesina (una escritora de best-sellers un tanto psicópata) es una señora de muy buen ver, que el detective es un alcohólico rehabilitado con muchos muertos en el armario y que nadie se entera de nada, aunque todo parezca extremadamente obvio.

Instinto básico es famoso por el cruce de piernas de Sharon Stone y porque el estudio quería que Verhoeven dirigiese una segunda parte inmediatamente, pero él tenía otros planes. La secuela llegó 14 años después, se la encargaron a no-sé-quién (tenía que hacerlo David Cronenberg, que acabó saliéndose del proyecto) y fue un fracaso monumental. Eso sí, Sharon Stone se llevó tanto dinero que la llamaron del banco para decirle que ya no les cabía en la cámara acorazada.

Y nada más, oigan.

Es una locura arrolladora, divertidísima. Una chifladura sin igual.

Si no la han visto, háganlo.

Si la han visto, repítanla.

Y cuídense mucho.

Abrazos/as,

T.G.

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