Amigos y amigas,

¿Qué tal están?

La mejor explicación para que entiendan mi ánimo en el día de hoy es la siguiente:

Soy culé.

Con eso queda todo dicho, creo.

Ayer contemplé la peor humillación de la historia de la ligas europeas, en el año de la maldita pandemia, del magufismo de Miguel Bose y demás payasos conspiranoicos, de la destrucción del moderno sistema de estrenos cinematográficos, de la caída del PIB más salvaje de las dos últimas décadas… y en todo lo que podía pensar yo era ‘estos hijos de puta nos están metiendo ocho’.

En fin, los que sean futboleros/as, ya sabrán lo que significa algo así.

Yo pensaba que nada sería peor que lo del 7 de mayo de 1986 en Sevilla cuando nos ganó un equipo rumano que no conocía ni su puta madre. Pero me equivocaba: siempre puede ser peor.

Nada, habrá que seguir remando y esperar días mejores (que ahora mismo están la hostia de lejos).

Por ir al grano: hoy he venido aquí a hablarles de Orígenes secretos.

Orígenes secretos es la película de David Galan Galindo que adapta su novela homónima, y que ha producido Netflix.

Cuenta la historia de dos policías que se alían con el propietario de una tienda de tebeos para tratar de atrapar a un asesino en serie que planifica sus crímenes calcando una serie de comics míticos.

Y la película me encanta.

Me encanta porque más allá de su reparto, su dirección o su diseño de producción, es una película que tiene amor infinito por lo que cuenta, porque es la película de un niño que ha esperado toda la vida para contar una historia que ha querido contar desde que era justamente eso: un niño.

Está pergeñada (me encanta ese verbo) como una historia clásica de héroes y superhéroes: el momento en que alguien normal decide que tiene que convertirse en algo más si quiere ser capaz de salvar a la humanidad.

Aquí el objetivo es salvar algo menos, pero salvar, al fin y al cabo.

Además, también hace lo mismo con el villano, que es parte fundamental de cualquier historia de superhéroes. Ya saben lo que dicen: la auténtica talla del superhéroe la otorga el villano: cuanto mejor es éste, mejor es la película.

Hay otra cosa que me gusta mucho (más allá de que la película se desarrollé en una tienda de comics, que es un sitio en el que ha pasado muchísimas horas) y es el escenario: Madrid.

En ese sentido me recuerda a El día de la bestia: cuando la ciudad se convierte en un personaje más y es capaz de hacer la trama más densa, más poderosa y mejor.

Orígenes secretos es capaz de hacer que -durante una hora y media- Madrid parezca Gotham, y no es un mérito menor.

Si además el espectador sabe un poco tebeos, va a pasarse un buen rato reconociendo referentes, lo que amplifica la experiencia que propone el filme.

Se estrena el 28 de agosto en Netflix y se la recomiendo de corazón para pasar un buen rato. Ya es más de lo que puedo decir del 90% de la producción audiovisual que he visto en 2020.

En cualquier caso: sean prudentes y cuídense mucho.

Abrazos/as,

T.G.

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