Amigos y amigas,

¿Cómo va todo?

Acabo de leer (empiezo -como de costumbre- con mi particular repaso al mundo pandémico) que una pareja de americanos son los primeros casos de Covid importado en Mallorca. ¿Y cómo coño han llegado dos americanos a Mallorca si, teóricamente, tenemos las malditas fronteras cerradas? Igual lo explica en el artículo, pero me he cogido tal cabreo que no he querido seguir leyendo.

Entre ese asunto, las fiestas de San Juan en mi ciudad (Barcelona) donde la gente hacía el gilipollas sin respetar ninguna distancia de nada y las imágenes que llegan de todos los rincones de España en los que miles de mamarrachos y mamarrachas se pasaban por el forro todos los consejos para evitar otro confinamiento, mis ganas de asesinar a la humanidad en su conjunto han aumentado muchísimo. Ya sé que hay mucha gente que hace las cosas bien, pero -obviamente- no son suficientes.

La única alegría del día me la ha proporcionado Netflix. Bueno, y un poquito Amazon.

Amazon tiene en su plataforma una peli llamada La casa del terror. No esperaba yo nada de ella, hasta que leí a un amigo diciendo que estaba bien. Es un amigo al que nunca le gusta nada, así que confío en su criterio.

Y coño, la verdad es que da gusto ver una película de terror que homenajea a la vez a Tod Browning y al slasher de toda la vida, sobre unos chavales que una noche deciden visitar una casa del terror que encuentran casi por casualidad. Naturalmente, la casita en cuestión es un matadero en el que todos/as irán cayendo como moscas. De forma totalmente democrática, y sin distinción de raza, género o sexo. Allí va todo el mundo a morir y santas pascuas.

Es una película de hora y media que va al grano, bien rodada, con un diseño de producción inteligente y una dirección apañada. Además, los malos son inquietantes de verdad y los actores son decentes. No buenos, no nos pasemos. Pero decentes sí.

Échenle un ojo. Con expectativas bajas. Como siempre.

Y la otra cosa (aquí pueden tener las expectativas tan altas como deseen) es 24.

Voy a contar una historieta, en lugar de darles la turra con lo cojonuda que es 24.

Cuando murió mi madre, hace ya unos cuantos años, mi padre me pidió que le trajera películas y series para distraerse. Después de más de cuatro décadas con su mujer, no me extrañó la petición e intenté complacerle. Una de las ventajas de esta profesión es que conoces a gente que en un momento dado puede echarte un cable.

Así que llamé a una amiga en Fox, Belen. Le conté lo de mi padre y le dije que por favor me enviara algo bonito en bluray. Dicho y hecho, al cabo de dos días, mi padre recibió un paquete con todas las temporadas de 24.

Me llamó para preguntarme qué coño era aquello y le dije que era peor que la heroína.

Unos días después de la conversación, mi padre volvió a llamarme.

-Llevo cuatro días en los que casi no duermo. Y es por tu culpa. La puta madre que parió a Jack Bauer.

Mi padre se comió siete temporadas de 24 en menos de diez días. Creo que ha sido -en sus propias palabras- ‘la mejor serie que he visto en mi vida’.

Mi padre, un hombre de pocas palabras, comía delante de la tele, se levantaba antes para poder seguir viéndola, y cuando se acabó volvió a acordarse de que mi madre ya no estaba a su lado.

Jack Bauer fue el mejor amigo de mi padre y el único capaz de generar algo más grande que el dolor por la muerte de mi madre.

Por eso me gusta tanto 24. Por eso quiero tanto a Jack Bauer.

Abrazos/as,

T.G.

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