Amigos y amigas,

¿Qué tal están?

Espero que vaya todo bien, aunque nos precipitemos poco a poco hacía el vacío del re-confinamiento (hay que joderse). Tengo pocos consejos a estas alturas de la película, pero si puedo ofrecer alguna idea, por favor lleven mascarilla. Háganlo, aunque sea solo por complacerme. Un don nadie como yo estará contentísimo de poder sonreír pensando que son ustedes mejores personas solo por hacerme un favor.

Y si son de Madrid, y aunque ya hayan contratado unos curas para darles ánimos, extremen las precauciones. Por favor. Es que no me acaban de cuadrar los números, pero puede ser porque las matemáticas siempre se me han dado mal.

Hoy vengo a hablarles de un género que me ha dado muchas alegrías.

Cuando mi padre aún vivía y veíamos películas juntos, nada nos unía tanto como una buena película de catástrofes. Nos gustaban todos. A la que algo explotaba, o se calentaba demasiado, se rompía o se iba a tomar por culo, se nos dibujaba una sonrisa en la cara.

No soy capaz de recordar la cantidad de pelis de ‘todo a tomar viento’ que vimos, pero había una que nos gustaba especialmente: Un pueblo llamado Dante’s peak.

Seguro que la han visto. Iba sobre un pueblecito del medio-oeste estadounidense en el que de repente había una erupción.

Llamaban a unos expertos, pero era demasiado tarde y el pueblo se convertía en una montaña de madera y cenizas. La protagonizaban Pierce Brosnan y Linda Hamilton y te lo pasabas pipa. Buenos efectos especiales (que siguen aguantando bien) y buen reparto.

Pues bueno. Hoy he visto que tenían en Filmin una película llamada Alerta roja.

Ashfall en su versión en inglés.

Me ha llamado la atención el título: ‘Ashfall’. Siempre que una película lleva la palabra ‘ceniza’ en el título me llama la atención.

Pues bueno, la he alquilado.

Y efectivamente: mi padre sonríe desde el más allá.

La película (surcoreana), empieza con un terremoto brutal que deja una ciudad destruida. Mejor dicho, muy destruida.

Pronto descubren que el motivo no es otro que la erupción de un gigantesco volcán en la frontera con Corea del Norte. Lo malo es que la cosa solo acaba de empezar: debajo del maldito volcán hay unos depósitos de magma que al estallar acabarán con toda la península.

Un experto en volcanes sabe qué hacer, o eso dice él.

Propone utilizar una bomba nuclear de tropecientos megatones para destruir de forma natural los depósitos de lava. Lo malo es que no tienen ninguna bomba nuclear disponible, con lo que deciden que lo mejor es robar una.

Ya. Ya lo sé. Vaya despiporre.

Pero me lo he pasado pipa con esta locura sin sentido, efectos especiales de impresión, reparto que pasaba por allí y guion escrito por algún chiflado maravilloso (o varios).

Seguro que mi padre hubiera aprobado tamaña salvajada, con momentos de destrucción que podrían rivalizar con cualquier superproducción estadounidense.

Al acabar he mirado a mi derecha y casi me ha parecido verle, con esa sonrisa de medio lado que ponía cuando acabábamos de ver El coloso en llamas, Terremoto o Armageddon.

Qué sepas, papá, que sigo invirtiendo en el negocio familiar: las pelis de catástrofes.

Va por ti.

Y ustedes/as, si son fans del género, no se la pierdan.

Abrazos/as,

T.G.

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