Amigos y amigas,

¿Cómo vamos?

Lo reconozco, me da miedo preguntar. Estos días, cuando veo sonreír a alguien, tiendo a pensar que se trata de un esquizofrénico. Veo cómo van cerrando España, palmo a palmo, ciudad a ciudad, pueblo a pueblo. Cómo chapan los bares, los restaurantes, los teatros y los cines. Y no sé cómo coño vamos a salir de este lío inmenso.

Si ya tenemos problemas ahora, el año que viene cuando nos golpee la recesión, podemos agarrarnos los nachos.

Pero dejémonos de pesimismo, ya habrá tiempo para ello.

Hablemos de las mierdas que he visto últimamente. También incita al pesimismo, pero al menos podemos reírnos.

La primera se llama Nasdrovia. Está en Movistar + y sale Leonor Waitling, que siempre es garantía de éxito, por lo menos en su caso, o sea: que ella es muy buena.

La serie gira en torno a dos abogados (uno es Waitling, el otro está interpretado por Hugo Silva) que están cansados de defender a peces gordos una mala noche deciden invertir en el negocio un cocinero ruso.

Naturalmente, las cosas empiezan muy rápido a complicarse porque unos mafiosos van un día a cenar allí y montan la del pulpo. En fin, no quiero hacerles spoilers.

La cosa empieza mal, con el personaje de Waitling hablando directamente al espectador. Lo que llaman ‘romper la cuarta pared’.

Lo de romper la cuarta pared no es ninguna novedad, se ha hecho desde el s.XIX, Woody Allen lo practicó y House of cards (la americana, aunque la británica lo hiciera antes) lo puso de moda definitivamente.

El problema de la maldita cuarta pared es que debe tener cierto sentido narrativo. Y en esta ocasión no lo tiene. Ni por asomo vamos. Solo un personaje soltando comentarios aleatorios a cámara que no aportan absolutamente nada a la narración. Al final, si todo es capricho, no tiene ningún sentido como instrumento y acaba molestando.

Si además, el guion está pillado con pinzas y los personajes son tan tópicos que cuesta creérselos, y que no funciona como comedia porque no tiene ni puta gracia, pues oye.

Al menos dura poco, eso sí lo tiene y en mi condición de persona que se dedica a estas cosas, lo agradezco mucho.

No entiendo muy bien la motivación última para dar luz verde a esta serie, pero supongo que habrá quién la encuentre divertida o algo por el estilo.

Ni idea, oigan.

La otra cosa que he visto se llama The undoing y va sobre unos pijos de Nueva York a los que les pasan cosas que no le importan a nadie, incluyendo a mí. Salva la serie del desastre total, ese actorazo llamado Hugh Grant. Nicole Kidman parece salir en la serie porque vio luz y entró. Todo lo demás son migas de series anteriores del mismo director (David E.Kelley), como la cojonudísima Big little lies.

En fin, he fracasado una semana más. Lo único bueno que he visto, una vez más, es la segunda temporada de The mandalorian. Vaya seriaza, qué divertida, qué rotunda, qué energética, qué capacidad para envolverte con sus personajes sin darte la turra con sus tormentos.

Y además, qué bien completa el universo Star wars sin tener que recurrir a trucos de baratillo. Me chifla. Todo el momento de los huevos, las arañas y la persecución en el hielo. En mi sofá sonriendo, con la que está cayendo.

Gracias Mandalorian.

Y ustedes, cuídense mucho y no hagan el tonto.

En serio.

Abrazos/as,

T.G.

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