Cuando les escribo, acabo de finalizar (por cuarta o quinta vez) El ala oeste de la casa blanca. He hablado un millón de veces de El ala oeste en este foro. Es una de mis series favoritas de todos los tiempos. Incluso cuando Aaron Sorkin se fue en busca de parajes más verdes, el show siguió siendo absolutamente maravilloso. Me gusta todo de ella, pero sobre todo John Spencer, uno de los mejores actores que ha parido jamás el planeta tierra. Su muerte fue una gigantesca putada, porque el tipo es absolutamente irremplazable. Y no es que los demás no sean actores enormes, pero es que Spencer es otra cosa: una cosa única.

Es jodido acabar una serie así porque es como cuando te quedas huérfano (se lo dice uno del gremio): sabes que lo que se ha ido es insustituible. De acuerdo, igual me he pasado de dramático, pero ya saben a qué me refiero. Son series que solo te dejan una opción: olvidarlas para poder verlas de nuevo. Dios me ha bendecido con una memoria terrible, y por eso en un par de años, tres a lo sumo, podré volver a verla.

Hoy estoy viendo Patria. No puedo decir que estoy viendo Patria.

Bueno, creo que sí que puedo decir que estoy viendo Patria, pero no si me parece bien o no. Creo que en diez días podré decírselo. Lo pregunto.

Lo que sí puedo recomendarles (creo que lo hice en su momento con poco entusiasmo y ahora me voy a permitir rectificar), es Aguas oscuras.

La peli es de Todd Haynes, que es un director cojonudo y a mí me extrañó verlo metido en una cosa que parece más propia de Costa-Gavras o Loach. Ya sabe, cine social, comprometido, más crudo. Haynes siempre ha sido un tipo al que se identificaba con el drama sofisticado, con esa obra maestra llamada Lejos del cielo como ejemplo más claro de lo dicho.

La cuestión es que la primera vez que vi Aguas oscuras, me pareció un telefilme. No acabé de pillarle el punto. Buenos actores, buen guion, pero había algo pedestre en la ejecución. Especialmente al inicio: ese plano subjetivo desde los ojos de una vaca.

Pero esta vez me molesté en prestar más atención.

Joder con Aguas oscuras.

Epítome de las pelis de abogados, íntimamente emparentada con Spotlight, en la idea de ‘too big to fail’ que sustenta a determinadas empresas/compañías/instituciones. Nadie va a por ellas porque son demasiado grandes, están extremadamente protegidas y son prácticamente invulnerables.

El problema (para ellas) es que hay gente que sí se atreve a ir a por todas. Y algunos/as acaban embistiéndolas tan fuerte que logran tumbarlas. Aguas oscuras es una versión sin luz ni sonrisas de Erin Brokovich. Donde mover un centímetro de tierra cuesta un lustro.

Cuenta la historia de un abogado que se obsesiona con averiguar que pasa en un pueblo cuyo ganado muere sin remedio. Sospecha que una compañía química podría estar involucrada, pero demostrarlo le va a costar media vida. Literalmente.

Impresionante Mark Ruffalo, maravilloso Tim Robinson.

Un peliculón, con una fotografía desoladora que subraya lo terrible del relato y un mensaje igualmente desolador sobre lo que les sucede a los que desafían al sistema. Al final de Aguas oscuras uno puede cuestionar si ha merecido la pena pagar el precio.

Y la respuesta es siempre sí, pero el precio sigue siendo altísimo.

Abrazos/as,

T.G.

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