Amigos y amigas,

¿Qué tal están?

Yo sigo en fase -3, siempre alerta. Me he convertido en uno de esos tipos que iría a trabajar vestido de astronauta, solo por sentirme más seguro. Con un ojo vigilando a Pekín y otro a Estados Unidos. Alerta ante cualquier nuevo rebrote, como si fuera médico o virólogo, como un paranoico cualquiera.

Supongo que ya se me pasará. O no.

De momento, salgo de cuando en cuando, quedo con algún amigo y le miro de lejos, como si fuera a robarme.

En fin, queridos/as. Vamos al tajo.

Esta semana hay dos cosas interesantes.

La primera es la tercera temporada de Mira lo que has hecho, la serie de Berto Romero. No tengo que contar demasiado sobre Berto. Probablemente, el mejor monologuista de España. Brillante en la improvisación, guionista de primera clase, comediante capaz de alcanzar la excelencia sin necesidad de puñaladas, chistes malos, humor de serie B. Probablemente, el cómico más jodidamente listo de España. No es sorprendente que su serie sea tan cojonuda, pero que sea tan cojonuda me ha sorprendido incluso a mí. Y no me sorprendo fácilmente.

No voy a contar cómo arranca, ni dónde va Mira lo que has hecho. Es mejor no saber nada.

Solo decir que reflexiona sobre la fiscalización del humor, el escrutinio al comediante, la llegada de una censura nueva y más moderna y aparentemente progresista. Y todo con una sutilidad brutal, sin desvelar nunca sus cartas, con la inteligencia del que sabe mucho pero que no suelta palabra.

Y todo eso acompañado de un montón de gags de los que te provocan un enfisema por risas.

Una maravilla. Obligatoria. Sin excusas.

Porque probablemente estemos hablando de la mejor serie de comedia que se ha hecho nunca en España. De la última temporada de la mejor serie de comedia que se ha hecho nunca en España.

Que no se diga que no les avise.

La otra cosa no es tan importante, pero es bastante divertida.

Se llama Force of nature y ha llegado a la taquilla de unas cuantas plataformas.

Va sobre un tipo que se niega a abandonar su casa en medio de un huracán de categoría 5. No importa que su hija vaya a tratar de convencerlo. Él no piensa irse a ningún lado. Como ella se teme una respuesta negativa, se hace acompañar por unos polis. El problema es que mientras están ocupados discutiendo, una banda de delincuentes irrumpe en el edificio porque creen que, en algún lugar del mismo se esconden 55 millones de dólares.

Naturalmente, todo este lío sucede cuando el huracán se abate sobre el lugar. Ya saben: un puto huracán.

Protagoniza el abuelo Mel Gibson, al que yo tengo cariño por razones puramente cinéfilas y porque me parece que cada vez es mejor actor. Como distingo muy bien persona de personaje, pues no sufro dilemas morales.

La peli es palomitera, imposible, delirante y casi estúpida. Pero también es descacharrante, entretenida y muy notable en algunas cosas, como el diseño de producción y la dirección. Así que -en conjunto- vale la pena perder un rato viéndola.

No es extraordinario, pero da para un buen rato. En los tiempos que corren, es más que suficiente.

Hala, pórtense bien, disfruten y no se acerquen los unos a los otros. En serio.

Abrazos/as,

T.G.

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