Hola amigas y amigos,

¿Qué tal están?

2020 dura ya tres años, pero se acabará un día de estos si Dios quiere. Y esperemos que quiera.

Las series siguen cayendo y no hay manera de que paren.

Si no se estrenan una docena al mes, no se estrena ninguna. Digo una docena como podía decir veinte. Teniendo en cuenta que solo en Estados Unidos se producen casi quinientas al año, no ando muy lejos de la realidad.

Las últimas que he visto son un auténtico desastre.

Por un lado, tenemos esa cosa llamada El desorden que dejas. Una serie con Inma Cuesta y Bárbara Lennie. El reparto debería ser garantía de calidad, pero no.

La serie cuenta la historia de una tipa que llega como profesora sustituta a un pueblo gallego y se entera de que a la tipa a la que sustituye le ha pasado algo horrible, y que los chavales son todos unos hijos de la gran puta y etc. Tópico, tras tópico, tras tópico. Con algunas escenas (ridículas) subidas de tono, un argumento patético y delirio general muy bien presentado. ¿Por qué Netflix ha pagado esta cosa? No sabría decirles. Supongo que gastarse el dinero en tonterías es sencillo una vez que uno se pone a ello.

Yo aguanté lo que pude, que no fue mucho.

Pero lo que vino después fue mucho peor, porque me puse a mirar (por obligación, porque me dedico a esto) una cosa de Amazon Prime llamada The wilds.

Amigos y amigas: qué puto horror.

Trata de unas mamarrachas que camino de un retiro se estrellan con su avión y tienen que intentar sobrevivir por su cuenta.

No es solo que el accidente de avión parezca filmado por un mono borracho (una de las protagonistas decide cuando el aparato está cayendo en barrena que se va a acabar un libro que está leyendo; lo juro, no me lo invento), sino que toda la serie es una gilipollez de nivel superior. No hay ni un solo personaje bien dibujado, nada interesante, ni un apunte que haga que sigas queriendo mirar esa cosa un solo minuto más. Todos los personajes son estereotipos de la peor calaña y supongo que la conclusión final es que en Prime también gustan de tirar la pasta a la basura.

Lo único decente que ha pasado por la tele estos días es lo último de George Clooney como director, también en Netflix.

Se llama Cielo de medianoche, adapta un libro (cojonudísimo) de Lily Brooks-Dalton sobre un científico aislado en el círculo polar ártico que de repente encuentra a una compañera de viaje. Una preciosa -y durísima- reflexión sobre la soledad en un planeta que parece haber sido arrasado por algún tipo de Apocalipsis. Tampoco vamos a hacer más spoilers.

Una película estupenda (aunque no mejor que el libro, repito) que por lo menos tiene un nivel digno. Se estrena el 23 de diciembre, aunque antes puede verse en cines. Recomiendo que, si tienen la oportunidad, la vean en pantalla grande: vale mucho la pena.

También he visto Soul, la trigésima maravilla de Pixar. Les hablaré de ella en su momento, porque da para diecisiete posts. Solo comentarles que podría ser -aún tengo que reflexionarlo- la mejor película de los creadores de Toy story y Ratatouille hasta la fecha. Sé que son palabras mayores, pero es que la película es algo indescriptible.

Pronto. Aquí mismo.

No les deseo aún feliz navidad porque vamos a leernos antes.

Abrazos/as,

T.G.

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