Algunos días de mi vida he intentado no comer. No lo he conseguido. En Europa es muy difícil no comer. Al menos para mí. Comer es el único acto que requiere esfuerzo que he hecho todos los días de mi vida (quizá se me olvida alguno). Supongo que también he oído y visto todos los días de mi vida. Ver, oír y comer. Todos los días.

Me acerco a los 50 años. He comido 18.000 días seguidos, varias veces al día. Me sorprende. Me parece increíble que en ninguno de estos 18.000 días haya habido un fallo que me haya impedido comer. Esa logística no planificada por los estados, en manos del mercado, hace que todos los días haya comida en todas las casas que la pueden pagar, en los lugares de comida, en los aviones, en la selva…

He intentado pasar un día sin comer, para conocer qué puede significar no comer, cuánta hambre se puede llegar a pasar. No lo he conseguido. Nunca ha sido un propósito muy firme. Pero también supongo que no quiero que sea un propósito muy firme. No sé si lo podría conseguir sólo por el placer de saber qué sucede cuando no comes durante un día.

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