Me atrevo a decir que conducir bien es mirar bien. Mirar bien, al conducir, significa ver antes.

Para ver antes lo que sucede, es imprescindible mirar lejos. En curvas, mirar a la salida de la curva, el punto más alejado del coche que nos permita llegar con la vista. Cualquier sorpresa que encontremos la veremos antes.

Al encontrar un obstáculo, la mirada debe dirigirse a donde no haya obstáculo, al lugar al que que podamos dirigir el coche para salvar el obstáculo.

En carretera recta y autovía, mirar por delante de los coches que nos preceden, mirar al horizonte, lo más alejado posible del coche que conducimos, para tener la visión del conjunto y percibir antes cualquier imprevisto.

Incluso en ciudad es necesario mirar lejos y al conjunto, para ver los semáforos y las acciones del resto de coches.

Al principio me he atrevido a decir que conducir bien es mirar bien. En realidad, conducir bien es anticipar bien. Actuar con anticipación, con tiempo de reacción y con tiempo para evaluar las situaciones. Para anticipar bien, es imprescindible mirar bien.

Les pido que hagan el esfuerzo. Que se fijen y que cuando conduzcan estén pendientes y analicen si pueden llevar la mirada unos metros más lejos, en las rectas y en las curvas. Quizá se sorprendan de la diferencia.

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PD. Publico hoy este texto en día de elecciones. Al votar también deberíamos poder mirar lejos, pensar a 20 años vista, pero las alternativas que nos presentan son todas cortoplacistas. No sirve de nada quejarse. Si queremos algo mejor tendremos que asumir la responsabilidad de ponerlo en marcha. Sean felices y, ah… tengan cuidado ahí fuera. Buen domingo.

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