Leo estos días críticas furibundas hacia Toyota, hacia su modelo de gestión y hacia la calidad de sus productos. Me deja estupefacto que problemas tan concretos como los que han aflorado en las últimas semanas le sirvan a alguien para sacar conclusiones sobre la forma de trabajar de una empresa y sobre la calidad de unos productos. No soy capaz de entender que alguien pueda sacar conclusiones de cualquier tipo, formarse opinión, con tan pocos elementos de juicio.

Toyota hace coches muy buenos. Tan buenos como los que más. Estos defectos son nimiedades. Y un puñado de muertes por accidente, en varios años, son irrrelevantes. Absolutamente irrelevantes. no soy capaz de comprender que se hayan publicado las estupideces que se han publicado.

Los informadores somos una calamidad. Nos agarramos a datos insustanciales para obtener conclusiones esotéricas. ¿Por qué no se preocupan estos periodistas que escriben estas estupideces en investigar cuántos accidentes por cada mil coches de cada marca se producen en el mundo y cuántas muertes? (O todavía más preciso, país por país o por kilómetro recorrido)

Es posible que haya habido un puñado de muertes entre los usuarios de Toyota debido a un fallo en los coches. Pero, ¿de todo el conjunto de millones de usuarios de Toyota, el índice de accidentes ha sido alto o bajo con relación a otras marcas?

No tengo datos para decir si los coches que produce Toyota son más seguros que los de otras marcas. Tampoco los tengo para decir que lo son menos.

Sí sé que yo recomiendo en ocasiones a determinados amigos, con determinados gustos y necesidades, que se compren un Toyota. Y no les recomiendo el coche con el objetivo de conseguir ventas para Toyota, sino con el objetivo elegir bien en beneficio y disfrute de mis amigos.

Las muertes de una treintena de personas no es irrelevante para ellas.

Sí lo es para medir la seguridad de los coches que fabrica una marca. El único peligro para la seguridad son quienes se dedican a hacer análisis con datos tan poco relevantes.

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