Ha sido esta noche. A la 1:42.

He recibido este mensaje por e-mail. (Yo no dormía. Tampoco miraba el correo electrónico)

Asunto:
No tengo palabras

Cuerpo:
http://blogs.km77.com/teletransporte/2077/el-amor/

Que sean suficientes, siquiera aproximadas, para expresar mi admiración. Personal y profesional. Chapeau.

Puede que el periodismo no sobreviva, pero afortunadamente aún quedan periodistas. Una mirada inteligente, un corazón, una voz que ayuda a comprender.

¿Acaso se puede pedir más?

PP

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A las 5:00 he recibido otro mensaje. Yo ya estaba dormido. Feliz, quizá abrazado.

Asunto:
Sorry

Cuerpo:
http://www.perogrullo.com/?p=874

Es lo que tiene el insomnio…

😉

PP

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El insominio dice esto que copio a continuación. (Les recomiendo que lo lean en su blog original, mediante el enlace de arriba. Se ve mucho mejor que aquí y pueden pichar en los enlaces del texto, que no los respeto aquí. Léanlo en Perogrullo, entre otras cosas porque el titular se ve más grande y me emociona más.)

José Cervera (Pepe) es amigo. Que lo sea no le resta el valor que le doy a lo que ha escrito. Al contrario. Se lo da, porque lo conozco bien, con muchas cañas de por medio, con muchas conversaciones sobre periodismo e internet.

Ustedes a veces me piropean cuando escribo, y me emociona. Otras piropean a km77.com y también me me gusta. Intentamos hacerlo bien con muchas ganas, mucho esfuerzo y me da mucho placer que les guste.

Lo de hoy ha sido diferente. Ese titular, esa precisa interpretación de mi texto y la firma de Pepe me han dejado traspuesto.

Me ha pasado otras veces, con menor intensidad y lo he podido superar. Lo de esta noche no sé si podré.

Pepe escribe sobre periodismo, un asunto que ha surgido hace poquísimo en el foro de km77.com.

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Periodismo del mejor
9 Septiembre 2009 – Escrito por Perogrullo

Un Ojo capaz de ver, incluso aquello que está a la vista pero nadie contempla; un Corazón que empatiza y conmisera, compartiendo hasta las miserias; una Voz que lo cuenta de tal modo que quien lo escucha siente la historia como propia. Periodismo incluso sin la necesidad de ir donde silban las balas, ni de confrontar fuerzas demoníacas y conspiraciones mundiales. Periodismo que ve, siente y cuenta. Periodismo del mejor que puede haber, expresado en ejemplos concretos. Periodismo.

El amor, de Javier Moltó. Dos amigos quinceañeros, una minúscula viñeta de sus vidas, segundos de interacción, un par de gestos apenas. Pero el testigo estaba allí, y de la cacofonía de sucedidos que es el Universo supo extraer, recortando el resto, unos pocos hechos que significan Amor. Discrepo de los comentarios; ofrecer ayuda con discreción, sin que se note, naturalmente, como si ayudarse fuese entre seres humanos lo más normal, lo natural; sin forzar la recepción ni exigir compensación alguna, colocándose en el lugar del otro y evitando cuidadosamente tanto la caridad como la vana recompensa de la satisfacción, es Amor. No se trata de sexo, ni siquiera de compasión, sino de Amor, con esas mayúsculas que gritan. El testigo estaba allí, y como los mejores fotógrafos supo encuadrar exactamente la imagen que significa algo, y supo hacer que la veamos quienes no estábamos. Eso también es amor. Contado así, uno anhela ser capaz de darlo y de recibirlo con esa naturalidad, con esa confianza, con esa capacidad. Contado así, uno es un poquito mejor.

Obituario de Stanley Robertson, de The Economist. Según una cita que soy incapaz de localizar, el arte del obituario consiste en conseguir que le importe la muerte de Lord X a personas a quienes jamás les importó que Lord X estuviese vivo. Tras leer esta pieza, personalmente lamento la muerte del señor Robertson, del que jamás conocí su existencia ni méritos hasta ahora. Y sin embargo su desaparición de este mundo me importa, y la pérdida de lo que fue me conmueve. Porque quien redactó su nota funeral ha conseguido explicarme por qué esa persona, de entre todas las que viven o han vivido, era especial. Y por qué todos los seres humanos hemos perdido algo con esa muerte; algo precioso, algo mágico. El señor Robertson aparentemente vivió una vida plena e intensa, y mantuvo vivas historias de medio milenio de antigüedad. Pero sobre todo habitó además del nuestro con sus miserias un mundo misterioso y terrible, repleto de espectros, hadas, guerreros y brujos de asombroso poder; de lugares mágicos, de maldiciones, de luchas sobrenaturales, de constancia, astucia, valor y terror. Nunca supe que el señor Robertson estaba vivo, pero hoy sé que con su muerte he perdido algo delicado y hermoso. Agradezco que haya vivido, agradezco que parte de su sabiduría y sus historias le sobrevivan. Y agradezco a alguien cuyo nombre desconozco que me haya conmovido contándome su vida, haciéndome partícipe de su muerte. Sabiendo que vivió, soy un poco más rico, y un poco más humano.

Periodismo analógico o digital; tradicional o ciudadano; de toda la vida o del futuro. Periodismo como oficio o como negocio, como elevado deber cívico o como rastrera forma de ganarse la vida, impreciso o de precisión. Todo da lo mismo; los adjetivos nada importan, Mientras haya historias como éstas, mientras haya ojos, corazones y voces, habrá periodismo. El resto de las feroces discusiones por el alma del periodismo son furia y ruido sin sentido. Así habrá periodismo. Si perdemos esto la profesión morirá, de muerte natural. Tan sencillo como eso. Periodismo de dar gracias al periodista. No hay, no puede, no debe haber otro.

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