Esta mañana me he estrenado. Ha venido a buscarme a casa Rodrigo, mi chófer desde hoy.

Ha dejado el coche pegado al bordillo, que es alto, y el asiento quedaba muy bajo. He intentado introducir primero el pie izquierdo, pero la falda de tubo no da suficiente de sí. Cuando ya tenía el pie dentro he notado que no podía seguir.

He sacado el pie y me he sentado desde fuera. A mitad de descenso, Rodrigo me ha tendido la mano, pero ya era tarde. Me he dejado caer sobre el asiento, los pies todavía sobre la acera. Con los tacones, me ha costado levantar las piernas todavía un poco más para superar el umbral de la puerta. Finalmente, en escorzo, con las rodillas hacia adentro, he sobrepasado el obstáculo. Rodrigo, impertérrito, sin mirar, ha cerrado la puerta mientras yo me recomponía.

Tengo mucho espacio para las piernas en mi berlina de representación. La medida de la importancia. Con la planta de los pies apoyada normalmente en el suelo, estoy incomodísima. La misma sensación que he tenido ese instante en el que estaba sentada en el coche con los pies fuera, sobre el bordillo. Las rodillas me quedan muy altas y los tobillos doblados hacia atrás. Incomodísimo. Me es útil para apoyar los papeles en las rodillas y trabajar, pero inaguantable.

Pienso en descalzarme, fuera tacones, pero no tengo confianza con Rodrigo y ya hemos tenido un primer encuentro azaroso. Descalza sería perfecto, porque apoyaría los pies planos sobre la moqueta y todo quedaría perfectamente en su lugar. Lo veo claro, descalza la altura de la banqueta sería perfecta. Mis piernas apoyadas sobre el cuero caro, podria trabajar sobre mis rodillas.

‘¿Cómo se ponen los hombres?’ pienso en un intento de hacerlo fácil. Ah, claro, con las piernas completamente abiertas, la parte exterior de los tobillos apoyada sobre el suelo y los pies ligeramente cruzados. No me sirve. La falda no me da de sí. No puedo abrir así las piernas. Quizá algún día tenga confianza con Rodrigo para ponerme así de cómoda.

Me doy cuenta de que nunca había ido en la parte de atrás de una berlina de representación vestida así, con tanto espacio hasta el respaldo del asiento delantero. En nuestro coche nunca tengo estos problemas. No sé si porque es él o porque los asientos son más altos. Ah no, ya lo sé. En nuestro coche apoyo los pies en la plancha delantera que está muy inclinada y me resulta muy cómoda. Ir sentada aquí detrás quedará muy bien, pero seguro que iría mucho más cómoda en el asiento de delante.

Con las dos rodillas juntas hacia un lado y los pies hacia el otro lado, también juntos, uno apoyado sobre el otro, es como estoy más cómoda. Es la postura de siempre para las sillas bajas y los sofás cuando llevo falda. La postura instintiva de las mujeres cuando no podemos cruzar las piernas. Ni se me había ocurrido pensarlo cuando ayer me imaginaba cómo iba a ser la primera vez que me llevara un chófer. A mis zapatos carísimos, esta postura en la que el tacón de abajo se clava a medias en la moqueta, no les viene nada bien, pero comprarse otros es un mal menor.

No estoy nada cómoda porque tengo la cadera en escorzo. Llevo el cinturón de seguridad de lado en lugar de por delante (confío en Rodrigo) y estoy incómoda para colocar los papeles sobre mis piernas y trabajar con ellos.

Estaría mucho más cómoda si estuviéramos en nuestro coche, con la banqueta alta donde van sentados los niños. Los asientos de atrás bajos son un agobio. Tendremos que cambiar esto.

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