La economía española está en un punto crítico. Tenemos un paro alto y un crecimiento económico paupérrimo. Las soluciones tradicionales para estas situaciones son reducir el precio del dinero, incrementar el gasto público y bajar los impuestos. Con estas medidas se inyecta dinero en el bolsillo de los ciudadanos para que se incremente el consumo interno, la economía crezca y se cree empleo.

Sin embargo, en la situación actual en España, el Estado no puede ni aumentar el gasto ni reducir los impuestos. Los prestamistas (nos prestan dinero para financiar nuestra deuda) han decidido que ha llegado el momento de cobrar intereses altos a cambio de su dinero. Y si los intereses son altos, financiar la deuda supone un coste tal que a largo plazo resulta imposible devolver los intereses. Subir los impuestos para pagar los intereses de la deuda estrangula la actividad económica.

Para no llegar a esta situación, lo ideal sería que el Estado redujera sus gastos e invirtiera menos, pero con la debilidad de nuestra economía, si el Estado reduce el gasto y la inversión, la actividad económica se hundiría, el paro aumentaría todavía más, los ingresos del Estado disminuirían y tampoco seríamos capaces de pagar la deuda.

¿Qué hacer en esta situación? Las medidas típicas de gestión macroeconómica no sirven. Nuestro Estado está maniatado. No puede ni reducir el gasto ni incrementarlo. Tenemos que buscar otras soluciones si queremos salir de esta situación.

Propongo dos medidas.

1) Aumentar un uno por ciento las horas de trabajo anuales sin incrementar los salarios. Si trabajamos un uno por ciento más, aumenta el consumo interno  porque incrementa el gasto de las empresas. Al incrementar el consumo interno, aumentan los puestos de trabajo, que a su vez suponen una mayor demanda. Es posible que en algunas empresas dejen de contratar a alguien que tenían previsto contratar, pero serán las excepciones. El ciclo actual es de ajuste. Además, ganamos ligeramente en competitividad, porque producimos más al mismo precio.

2) Mover los días festivos a los viernes. Eliminar los puentes y reducir los días previos a los días de fiesta. Esos días son menos productivos que el resto y los fines de semana largos permiten incrementar las escapadas y promocionar el turismo.

Parecen dos medidas pequeñas y lo son, porque no suponen un gran sacrificio. En cambio, si entre todos los trabajadores contribuimos a incrementar en medio punto el crecimiento económico anual, algunos parados se beneficiarían de ello y si ellos también pueden contribuir con menos fiestas, entre todos ayudaremos a reducir la tase de paro. Será poco, sí, pero ayudará a recuperar la confianza, a darle valor a las horas de trabajo y a mejorar la productividad.

En la situación actual de la economía, la única forma de salir del atolladero es con medidas laborales. Las medidas de política económica no nos sacarán de esta situación. No se trata de apretarnos o aflojarnos el cinturón, sino de tener algo dentro del cinturón que se pueda apretar o aflojar.

Hace un tiempo hablé de la necesidad de tener menos días festivos. Hoy dedico más tiempo a justificar los motivos por los que reclamo esa medida.

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