El ministro de Industria es una persona soez. A una opinión del piloto de Fórmula 1 Fernando Alonso sobre una medida tomada por el gobierno, contesta con un ataque directo a la persona.

¿Qué importaría que Hamilton se quedara o no se quedara dormido a 110 km/h si el resto de españoles sí se quedara dormido? ¿Qué sucedería si Fernando Alonso tuviera razón y se incrementaran los accidentes en autovía y autopista?

En lugar de escuchar la crítica y analizarla (la DGT reconoce que un elevado porcentaje de accidentes se debe a despistes), el Ministro de Industria responde con un ataque personal, rebosante de mala educación.

Es una respuesta despreciable. Me duele que en el gobierno de este país tengamos a una persona que se comporta de forma primitiva, contra la persona y no contra la idea.

Los ataques a la persona son el arma de quien no tiene argumentos mejores. Váyase señor Sebastián. Usted no merece ser ministro de este gobierno. Valiente ser despreciable. No merece usted ningún respeto. La aportación de Fernando Alonso puede ser valiosa. Usted no lo es. No tiene valor para argumentar. Su respuesta es digna de despojos humanos. No puede utilizar nuestro dinero para atacar a quien critica sus medidas.

Conteste con cifras, con estadísticas, con conocimiento de causa. Hable con compañías de seguros y muestre los datos. Infórmese, mequetrefe, y conteste en consonancia con su responsabilidad. No tiene ninguna razón para tratar así a un ciudadano que da su opinión sobre un asunto con la mejor voluntad de contribuir al bien común.

Lo peor de todo es que se creerá ingenioso. ¿Qué hemos hecho para merecernos esto, esta tortura, a esta panda de niños engreídos?

Yo sí me duermo a 110 km/h y me importa un bledo si Hamilton se duerme o no. Espero que no haya nadie más que se duerma a esas velocidades, pero estoy de acuerdo con Fernando Alonso. El riesgo a las distracciones aumenta de forma considerable.

Yo le ataco a la persona a usted, sí. Porque no ha expresado ninguna idea que rebatir. Sólo ha atacado a la persona y contra eso no queda más remedio que contraatacar con las mismas armas. (Sr. juez, ha sido en defensa propia)

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