Hoy empiezo una sección que se va a llamar Nocturnos. Intentaré probar todas las semanas un coche durante un par de horas por la noche y haré fotos de cómo iluminan la carretera.

El primer coche de esta serie es el Mazda CX-3 Luxury 2.0 120 CV Aut. en cuyo interior se me ha ocurrido la idea. Como otras tantas noches en mi vida, estaba ya subido en el coche dispuesto a recorrer unos 150 kilómetros, para probarlo, para desengrasar, para descansar un poco de tanto trabajo. Probar coches es trabajo sí, pero tal como los pruebo yo es un poco menos. Sin la obligación de medir las prestaciones, sin la obligación de medir el interior, sin la obligación de las frenadas, los consumos. Salir a la carretera a las 10 de la noche después de todo el día de trabajar a veces da mucha pereza. Cierto. Pero ayer, no me lo podía plantear. Tenía que probarlo sí o sí porque no me quedaban más días. Y, lo curioso es que, además, cuando estaba en el garaje y encendí la luces del coche para irme, me di cuenta de que quizá podía hacer una foto de todos los coches, con las luces encendidas, en una carretera llana y recta, para compararlos.

En fin, que subí de nuevo a casa a por la cámara de fotos y me fui a la carretera. Reposté el coche hasta las trancas, antes de salir como siempre para poder medir el error del medidor de consumo con la mejor precisión posible y me lancé a la carretera.

En la primera raqueta apuré un poco la frenada y la respuesta no me acabó de gustar. Ni el tacto del pedal ni el ABS, porque había una humedad y se desequilibró un poco el coche, pero luego, una vez en la curva, la respuesta del coche es una delicia.

El tacto de este Mazda CX-3, la dirección, la respuesta de la caja de cambios automática, las palancas, el asentamiento en la carretera recuerda al tacto de los BMW. Es cómodo y firme, la dirección eléctrica tiene la dureza justa y un poder autocentrante exquisito, la respuesta de la caja de cambios en posición normal (no hace falta la “Sport”, a mi juicio) es excelente y la selección de marchas obedece a las indicaciones del acelerador en condiciones normales como si leyera el cerebro del conductor.

En carretera de curvas, si se quiere ir en modo “nocturno”, se puede elegir la posición “Sport” del cambio o utilizar las palancas situadas por detrás del volante para seleccionar manualmente las marchas. Para ir en modo “nocturno” por curvas prefiero las palancas. El modo “Sport” lleva el motor siempre muy revolucionado y a mí me gusta llevarlo menos alto de vueltas, salvo en momentos concretos. Como la dirección es muy directa, no hace falta separar nunca (prácticamente nunca) las manos de la zona del volante en la que están las palancas, por lo que se puede controlar permanentemente la marcha y el régimen del motor con facilidad. Con las manos para las marchas y con el pie derecho del acelerador.

El motor es una delicia. Funciona con suavidad y suena muy poco dentro del habitáculo. No es un motor con una fuerza sobresaliente a bajas revoluciones, pero el cambio automático se adpata tan bien a las solicitudes del acelerador que, salvo en ocasiones concretas como una carretera de muchas curvas, en las que se quiere reducir en un momento muy preciso y en la que se quiere pasar a una marcha más larga también en cada momento preciso, la combinación de caja y motor es óptima.

No es un coche rápido. Que vaya muy bien, que la coordinación entre el motor y el cambio esté muy bien desarrollada, que todo eso se pueda gestionar con facilidad desde el pedal del acelerador y que la dirección y la suspensión, que no es blanda ni dura, sino cómoda (salvo en golpes secos) y efectiva en curvas, no significa que sea un deportivo. Ni por carrocería ni por potencia lo es. No es un coche rápido. Tiene 120 CV y en pendientes fuertes, incluso en autovía, puede llegar apurado a 120 km/h, en cuarta, si van cuatro personas dentro.

Seguramente el consumo es alto. Al menos, el consumo homologado en ciudad no es bajo, pero en carretera parece razonable. Según los datos homolgados, con el cambio manual el consumo es ligeramente mayor. (En km77 publicaremos pronto datos de este coche)

Del conjunto, lo que menos me ha gustado han sido los frenos. El ABS trabaja bien y salvo esa primera frenada antes de la raqueta, en la que pisé una zona húmeda y una rueda apenas frenó, el resto del camino funcionó perfectamente. El tacto del pedal, sin embargo, no me ha dejado satisfecho.

No me olvido de que pruebo los coches de noche para poder hablar de las luces. Las luces de este coche, con el acabado Luxury son de Led de serie, para ciudad y carretera. Dan una luz muy blanca, potente, intensa, ancha, que abarca los lados de la carretera y el interior de las curvas. Las luces largas se suman a las cortas, que mantienen su haz idéntico, en potencia y superficie. A quienes circulen frecuentemente de noche, por unas luces así, se deben por lo menos plantearse la posibilidad de pagar un precio adicional.

En unas semanas probaré este mismo motor con un cambio manual. Así podré contarles cuál de los dos me parece preferible.

Mazda CX-3 Luxury 2.0 120 CV Aut. Luces de carretera encendidas

01-Mazda CX 3

 

Luces de cruce

(Continúa en diurnos)

 

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