Esta noche he ido a ver La Vida es Sueño y Mario Vargas LLosa estaba sentado dos asientos más allá.

El hombre que estaba sentado a mi izquierda ha hecho levantar a Vargas Llosa varias veces de su asiento, sin ni siquiera darse cuenta de quién se levantaba y se sentaba tantas veces. ¡Qué desfachatez!

Es difícil de entender para un ser humano que haya una silla equivalente a la suya que aguante el peso de un premio Nobel, sentado a su lado. ¿Cómo puede suceder que la misma silla que te aguanta a ti aguante a Vargas Llosa?

Esa cabeza privilegiada, esa cabeza sobre la que pivota por lo menos la mitad de la humanidad, esa cabeza, ha tenido que levantarse y sentarse varias veces por el capricho de un hombre que no tenía entrada, que ha entrado tarde con una entrada comprada en el último segundo y que se ha ido antes de que terminara la función.

Pero a mí, lo que de verdad me preocupa, es:

¿Habrá sacado Vargas Llosa más provecho que yo de la misma obra de teatro, vista a la vez, sentados sobre una silla idéntica, dos asientos más allá?

Una vez me contaron que Vargas Llosa pretendía que se retirara un libro ya impreso de varios cientos de páginas, porque había una errata en la página 211. Sólo por una errata. No sé si es cierto, pero si lo fuera Vargas Llosa sería mi hombre.

Hablo de Vargas Llosa y debiera hablar de  Calderón de la Barca y de la vida es sueño. Todo el futuro de la literatura está concentrado en esa obra. Calderón de la Barca, con ese nombre mecido ente la música y el compás, elaboró el futuro para todos. Nadie, ningún escritor nunca podrá desprenderse de su influencia, de la verdad de las mentiras, de la vida es sueño. Lo quiera o no.

Calderón de la Barca es y será siempre el futuro. Incluso Shakespeare debió de sentir envidia de tanta potencia. Hoy, con Mario Vargas Llosa al lado, me he sentido como se pudo haber sentido Shakespeare. ¿Quién ha sacado más provecho de la obra, Mario o yo? Al menos yo me he librado de levantarme las cuatro veces que le ha tocado levantarse a él, que les parecerá baladí, pero es un consuelo.

No vayan a ver la Vida es Sueño al teatro Pavón de Madrid. La acústica del teatro es mala y esta obra requiere ser escuchada con precisión. Yo pensaba que quizá fuera mi oído de viejo, pero he constatado que no sólo yo oía mal. No vayan si no conocen de memoria la obra. O vayan si quieren, porque vale mucho el esfuerzo. Pero mejor si la leen antes. Mejor si la leen con fruición. Porque es una obra fundacional, constituyente. No funda ni la literatura ni la política. Funda el ser humano. Kant y Freud, la civilización y el inconsciente, están todos metidos en la vida es sueño. Un prodigio. Porque ahora es fácil decirlo, los sueños sueños son, aunque todavía no sepamos qué signifique.

 

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