Siempre me ha gustado cuando oigo que alguien llama luz a la electricidad. No hay luz es no hay electricidad y se ha ido la luz es que no hay diferencia de potencial entre los dos pinchos del enchufe.

De pequeño, que no sabía cómo funcionaba una bombilla, me parecía que la luz venía por los cables de la electricidad. Y cuando se iba la luz me la imaginaba que se largaba por el cable, de vuelta, desde la bombilla a su casita (en el bosque, o a saber dónde)

Ayer en el diario El País, Javier Sampedro publicó un artículo que ayuda a comprender por qué el hidrógeno no es una solución eficiente para ser utilizada para almacenar energía utilizable en los automóviles.

Enlace al artículo completo: El hidrógeno también pincha

Copio a continuación algunos párrafos que me parecen relevantes para entender la limitación energética. Hay otras, principalmente de almacenamiento, transporte y contaminación. Pero el principio básico insoslayable es que no resulta eficaz en términos energéticos.

«Este gas ha capturado la imaginación de los augures tecnológicos, desde Julio Verne hasta Jeremy Rifkin. En parte por su abundancia (se puede obtener del agua), y en parte por una ecuación química que se ha convertido en su consigna publicitaria: hidrógeno más aire para dar electricidad y agua potable. Ambos factores contaron para que el sociólogo Rifkin lo ensalzara como una “fuente de energía inagotable” en su éxito de ventas La economía del hidrógeno (2002)»

«El Congreso de Estados Unidos ha financiado las investigaciones sobre el motor de hidrógeno con más de 1.000 millones de dólares (780 millones de euros) en los últimos cinco años. El Parlamento Europeo aprobó en mayo una partida de 470 millones de euros para una iniciativa de células de hidrógeno, con la recomendación al sector privado de que pusiera otro tanto.»

«La electrolisis es la separación (lysis, en griego) de la molécula de agua en sus componentes (dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno) gracias a la energía aportada por la electricidad. Los actuales coches de hidrógeno (o sus mencionadas “células de combustible”) hacen justo lo contrario: el hidrógeno que hemos repostado se combina con el oxígeno del aire produciendo agua y energía eléctrica.

Para que ocurra lo contrario de la electrolisis, por desgracia, primero tiene que ocurrir la electrolisis o un proceso similar. Es decir, que primero hay que gastarse la energía en obtener el hidrógeno para luego poder gastarse el hidrógeno en obtener energía. Por eso Rifkin y otros abogados del hidrógeno yerran al declararlo una fuente de energía inagotable: porque será inagotable, pero no es una fuente de energía.»

Aquí matizo. Sí es una fuente de energía, o sí sería una fuente de energía, si se encontrara en la naturaleza como tal. El agua no es una fuente de energía, pero el agua a gran altura en las montañas, sí lo es. el hidrógeno, si lo encontráramos como bolsas de hidrógeno parecidas al petróleo, sí sería fuente de energía. Pero como ese no es el caso, no lo podemos considerar como tal.

«“El hidrógeno no es un combustible natural”, dice López. “Hay que producirlo, y hasta la fecha es muy costoso. No resultará viable en un plazo previsible, y energéticamente es un desastre, porque producir el hidrógeno cuesta más energía de la que luego da”. “Sólo del 20% al 25% de la energía utilizada como fuente para sintetizar hidrógeno a partir de compuestos naturales puede recuperarse después para su uso final en células de combustible”, calcula Ulf Bossel, del European Fuel Cell Forum, en Lucerna. “Como las leyes de la física no pueden cambiarse con políticas o inversiones, la economía del hidrógeno nunca tendrá sentido”.»

Para que el hidrógeno fuera rentable energéticamente requeriría un menor coste energético de la electrólisis de la molécula de agua. ¿Es posible reducir este coste energético mediante un catalizador? Posiblemente. (Mi profesor de química en primero de carrera decía que no sabíamos nada de catlizadores, pero de eso hace ya más de 25 años).

Lo que es seguro, en cualquier caso, es que siempre será más costoso energéticamente disociar el agua en hidrógeno y oxígeno que asociar estos dos elementos para conseguir agua.

Lo que sí podría suceder es que encontraramos una fórmula que nos permitiera aprovechar la energía del sol, de forma eficiente, a gran escala, para disociar la molécula del agua.

Por ejemplo, si bastara la energía del sol en la superficie del mar (y un catalizador) para transformar el H2O en hidrógeno y oxígeno, la solución a los problemas energéticos de los hombres estaría cercana (por muchas dificultades de almacenamiento y transporte que tenga el hidrógeno)

Pero ese no parece el caso. (Salvo que a mi profesor de Química, Manuel Aguilar, un sabio maestro, melenudo y cachondo, se le encienda la luz y encuentre el catalizador adecuado)

Gracias a Javier Sampedro y a el País.

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