Hemos vuelto a toda velocidad para pasar el fin de año en casa. No hemos escrito. A partir de hoy volveré a escribir.

Hemos vuelto, pero sé que no regresaré nunca de este viaje. Un viaje en el que hemos tenido miedo antes de salir y que no tiene retorno.

Contaré etapas, con fotos hechas desde el puesto de conductor, y contaré sensaciones vividas junto a Víctor, en el coche, en nuestras larguísimas conversaciones, en la habitación, en la cama que hemos compartido tantas noches.

Ayer, la hija de diez años de unos amigos, ponía cara de asco cuando le confirmaba que Víctor y yo habíamos dormido en la misma habitación. Mundo cruel. ¿Qué puede tener de feo compartir cama si quieres compartirla?

Víctor y yo hemos compartido habitación, cama, manos, penes, brazos, comida, bocas, coche, sueños, anos, salivas, paisajes, amores, mujeres, filosofía, noches, posturas, ducha, política, hombres, papel higiénico y fiebres.

Todavía no he comprendido por qué dos cuerpos pueden ser uno, por qué dos cabezas tienen un solo cuerpo que a la vez es dos. Una simbiosis en la que interfiere la fuerza de la gravedad.

La gravedad es obscena. Los cuerpos pesan. ¿Era necesario?

Primer video resumen del viaje: Madrid – Malmö:

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