Uno de las recetas “dogmáticas” de la economía, a saber por qué, es que para luchar contra la subida de precios, el coste de la vida (lo que vulgarmente se denomina inflación) es imprescindible subir los tipos de interés, el llamado precio del dinero.

No he estudiado mucha economía, pero no me hace falta más para dudar de que este pretendido axioma sea cierto. (Seguro que hay muchos economistas que lo refutan, pero no se les oye)

No voy a hablar de inflación, porque no es lo mismo inflación que aumento de precios. El aumento de precios puede ser consecuencia de la inflación, pero no son lo mismo. (No intento explicarlo, porque no sé ni si sería capaz ni es el objeto de este escrito)

En un análisis sencillo se advierte que los precios pueden subir por dos motivos:

  1. Porque hay mucha demanda de unos bienes, más demanda que oferta, y los productores, como no pueden satisfacer la demanda, suben los precios. Esta subida de precios tiene un doble resultado: incrementa el margen empresarial y regula la demanda (si sube el precio desciende la demanda)
  2. Porque los sistemas de producción no son eficientes y ante cualquier distorsión del mercado (aumento del precio de las de materias primas, del coste de la mano de obra, descenso de la productividad por la causa que sea) es necesario incrementar los precios para cubrir los costes.

Si la subida de precios se debe a un fuerte aumento de la demanda, la receta que preconiza subir los tipos de interés parece justificada en algunos casos. A mi juicio hay otras mejores, como fomentar la competencia. Pero en un mercado al límite, donde la competencia está muy extendida, donde se vive con pleno empleo (se considera pleno empleo cuando existe una tasa de desempleo en torno al 5%).

Digamos que un ejemplo clásico de este tipo de incremento de los precios, en otras épocas, se ha producido en EE. UU., donde durante muchos años el desempleo ha estado por debajo del 5% y la demanda de bienes y servicios era altísima.

En España, sin embargo, los precios no suben por un exceso de demanda, sino porque la oferta es poco competitiva, falta competencia en muchos sectores y la movilidad laboral es escasa (entre otros factores). No es un problema de demanda, sino de oferta, de economía poco competitiva.

(La vivienda, que no influye para el cálculo del IPC, porque está considera como una inversión y no un bien de consumo, sí ha registrado incrementos de precios “burbujarios o hiperburbujarios” debido a la potencia de la demanda, favorecida por unos tipos de interés y una facilidad del crédito desconocidos en nuestro país. Pero el mercado de la vivienda ha sido una burbuja en nuestra economía, un sector aislado)

En el resto de la economía española, los tipos de interés altos favorecen el incremento de los precios. Para aumentar la productividad y la competencia, en España es necesario invertir (Investigación, bienes de equipo, infraestructuras) y los tipos de interés altos perjudican ese propósito.

Es cierto que los bajos tipos de interés han estimulado el crecimiento burbujeante de los precios de la vivienda en los últimos años, y que el reventón de esa burbuja nos ha dejado en estado tambaleante.

Pero que los bajos tipos de interés hayan tenido efectos negativos en algunos sectores no significa que sean perjudiciales para una economía con una tasa de paro elevada. En estos momentos, en mi opinión, los tipos de interés altos son todavía más perjudiciales.

(Seguiré con este asunto. No quiero que este post sea demasiado largo. Mi impresión es que ya hay suficientes elementos par el debate. Los frenos de tambor no han aparecido. Y no creo que aparezcan por ningún lado. Pero quedaban bien para el título. Así le doy un toque inflacionario)

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