Texto de José María Quesada. Asesor de Contenidos de Ponle Freno.

Permitidme que mi blog de hoy no sea como “experto”, sino como persona. Ayer nos dejó Paco Costas a las cuatro de la tarde, de la misma manera que vivió toda su vida siendo dueño de sus actos, sus pensamientos y sus convicciones, manejando los tiempos de la manera que él consideraba mejor, como el espíritu libre que era. Los que tuvimos la gran suerte de contar con su amistad nos hemos quedado huérfanos de su cariño, su capacidad de trabajo, su alegría y la vitalidad que rebosaba por los cuatro costados a pesar de haber superado los 80 años.

Tuve el privilegio de trabajar con él durante la década de los noventa en el programa de radio de Onda Cero, Protagonistas del Motor, y de colaborar posteriormente en otros proyectos, siempre bajo su supervisión. Él fue el que me indujo el “virus” de la Seguridad Vial, terreno en el que, como en otros muchos, ha sido la máxima autoridad en nuestro país. Y lo que más me animó a seguir humildemente sus pasos es que todo lo que él aportaba en este campo lo era desde su dilatada experiencia en el mundo del motor; su auténtica pasión. Paco fue mecánico, empresario, piloto de competición, motero, ciclista, periodista y un incansable viajero siempre al volante de algún vehículo. Todos sus criterios de seguridad, sus recomendaciones y sus opiniones en este campo lo eran desde la perspectiva de la experiencia de haber recorrido millones de kilómetros por las carreteras de casi todos los países del mundo y del nuestro. También era consciente de las estadísticas, de los números, de los porcentajes y de los índices de siniestralidad, pero ellos no eran sino un aspecto más que le ayudaba a formar su propia opinión y siempre como complemento de su experiencia.

Nunca olvidaré su naturalidad, su simpatía y su extraordinaria humildad, absolutamente impropia de la grandeza de su figura pública como experto en cualquier cuestión relacionada con el motor. Cuando en España sólo los aficionados teníamos noticias de la Formula 1, Paco ya era amigo de las grandes figuras de ese deporte; Niki Lauda, Alain Prost, James Hunt, Flavio Briatore, Damond Hill y un sinfín de personajes le adoraban y no era por su faceta periodística, sino como todos los demás, por su calidad humana. En un viaje a Portugal que compartí con él, al pasar por delante del circuito de Estoril, escuchamos el sonido inconfundible de un motor de Fórmula 1. Una mirada cómplice entre los dos bastó para dar la vuelta y meternos en el circuito. Una vez que llegamos al Pit Lane apenas me lo dejaron 30 segundos. Recuerdo que al pasar por delante del box de Martin Brundle los mecánicos estaban quitando los calentadores del coche para salir a pista. Martin le vio, se quitó los cinturones y bajó del coche gritando ¡¡¡Pacooo!!!. Segundos después estaba abrazándole e iniciando una animada conversación. Ahí se me acabo la visita compartida a Estoril, ya no me lo dejaron un momento.

Su capacidad de escuchar siempre, incluso a quien con la autoridad que da la ignorancia pretendía darle lecciones sobre esto o aquello, su cercanía, su cordialidad y la manera que tenía de dirigir a su equipo, no como jefe, sino como uno más, le granjearon el respeto y el cariño de todos los que hemos tenido la fortuna de trabajar con él. Cuando me preguntaban por él siempre le definía como un “gamberro” de 70 años, sus ocurrencias en los momentos más tensos del trabajo hacían que se pasara de la zozobra a un estallido de risas de todos. Amigo con mayúsculas o como él decía. “Un amigo es alguien al que te presentas en su casa a las tres de la mañana, te abre y sin preguntar nada se sienta y espera a que le digas qué ha ocurrido”. Confidente impagable, todos tus problemas pasaban a ser suyos desde el momento en el que los compartías con él y sus consejos nunca eran frases hechas o estereotipos, siempre acertados y siempre sabios. Revolvía “Roma con Santiago” con tal de ayudar a un amigo. No puedo escribir esto sin que se me salten las lágrimas y es que el “agujero” que me deja es muy grande.

No hablo de la Segunda Oportunidad porque está en la mente de todos y el resto de medios de comunicación ya lo harán hasta la saciedad, quiero que los que leéis esto sepáis quien era Paco, la persona, no el periodista; una personalidad brillante y enorme, en un cuerpo frágil y pequeño que, a pesar de sus problemas de salud, nunca le sirvió como excusa para dejar de hacer algo. Voluntad de hierro y una capacidad para decir lo que pensaba a quien fuera y en cualquier momento por muy políticamente incorrecto que fuera. Durante un programa, tras una discusión con un representante de una marca, en directo, soltó: “es que este hombre es bobo”, yo le miré desde el otro lado de la mesa y empecé a hacerle gestos. Lejos de disculparse, siguió hablando “Sí Chema, sí. No me digas que me calle; este es bobo”, lo que me dejo aún más espeluznado.

Qué buenos momentos, cuánto aprendí de ti, como profesional y sobre todo como persona, siempre te consideré como segundo padre y aunque no te lo dije nunca, estoy seguro de que eras consciente ello. Un fuerte abrazo, amigo. Te quiero Paco. Hasta siempre.

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