Antes de empezar la prueba la capota estaba así. Debajo había un coche. Tenía toda la pinta de que iba a ser irrelevante que fuera descapotable. El coche de debajo era un Golf GTI.

Las segunda foto sirve para analizar mejor la textura del tejido.

Como llovía mucho, en las autopistas alemanas la velocidad estaba limitada. En algunos tramos de gran diluvio el límite estaba fijado a 80 km/h con las señales luminosas. Ayer, en las autopistas alemanas no tocaba correr. El Traby iba tan rápido como nosotros.

El diluvio no es impedimento para ir en manga corta. Los 12,5 grados de temperatura que indicaba el termómetro del coche, tampoco.

Desde Munich hasta un pueblecito en Austria, empleamos tres horas en las que no paró de llover ni un minuto. En algunos momentos, la lluvia parecía que provenía de un túnel pensado para probar la estanqueidad de la capota.

Tuvimos poca oportunidad para probar el coche sin la capota puesta. Pero ya sabemos por el Golf Cabriolet que en el interior de este coche el viento molesta poco.

Por la tarde, finalmente, tuvimos oportunidad de quitar la capota durante unos minutos. Íbamos tres  personas en el coche, por lo que no podíamos utilizar el cortavientos. Incluso sin cortavientos, resulta muy agradable de utilizar descapotado. Con una temperatura inferior a 15 grados centígrados y a velocidades de 80 km/h, con alguna punta de 120 km/h, en las plazas delanteras se va cómodo sin quitavientos, aunque convendría llevar guantes con frío porque las manos lo pueden notar.

La chica que iba en las plazas traseras es la Jefa de Prensa de Volkswagen. No se quejó en ningún momento. Le pregunté que cómo estaba de cómoda cuando íbamos a 120 y me dijo que de maravilla.

No podía decir otra cosa, claro. Yo la miraba por el espejo y con su gorro parecía feliz con el viento azotándole en la cara. Una de las grandes ventajas de esta capota es que se pone y se quita con mucha rapidez siempre que el coche circule a menos de 30 km/h. Es una gran cualidad, porque la obligación de que el coche esté completamente parado para poner o quitar la capota limita notablemente los momentos adecuados para disfrutar del coche descapotado.


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