Cuando hablo en este blog de la Policía Nacional, de La Guardia Civil y de la Iglesia Católica invariablemente recibo reproches por hablar de ellos sin ensalzarlos.

A mí los reproches me gustan. Me hacen pensar. No sólo no me quejo de que me reprochen algo, sino que los animo a que se quejen y critiquen todo lo que les parezca mal de lo que hago en este blog, en km77.com y en mi vida diaria si les apetece hacerlo. No escribo este artículo para quejarme de que me reprochen.

Escribo para contarles que me sorprende y me perjudica como ciudadano que otros ciudadanos consideren que hay instituciones que son como las vacas sagradas indias, de las que no se puede hablar, a las que no se puede tocar y sobre las que no se puede informar. Este respeto sagrado nos impide organizarnos mejor como sociedad a todos.

Yo estoy convencido (y me gustaría que si estoy equivocado me iluminen) de que una sociedad mejor sólo la podemos hacer entre ciudadanos críticos, entre ciudadanos que no tenemos ídolos sagrados a las que rendir adoración.

Tan convencido estoy de la bondad de la crítica que estoy seguro de que sólo podemos aspirar a una sociedad mejor mediante la crítica, aunque no sepamos siquiera qué significa una sociedad mejor. Yo, por ejemplo, no lo sé.

Los miembros de la Guardia Civil, la Policía Nacional, la monarquía, el profesorado, los médicos, los curas y dirigentes de la iglesia católica, los abogados del estado, los notarios, los afiliados a partidos políticos y hasta los periodistas harán mil cosas bien, algunas cuestionables y, quizá, algunas punibles.

Lo que algunos de mis conciudadanos consideran respeto venerable a mí me parece una falta de respeto absoluta. ¿Tan frágiles consideran esas instituciones que sólo por cuestionar públicamente algunos de sus comportamientos se van a romper?

La Policía Nacional, la Guardia Civil, la Iglesia Católica, la monarquía y todas las instituciones que han pervivido hasta hoy dan cosas positivas a la sociedad. De lo contrario no hubieran sobrevivido. Pero ni son intocables, ni lo deben ser.

No sería bueno para nadie que lo fueran, ni siquiera para ellas.

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