Ayer regresé de Estados Unidos, en un vuelo desde Los Angeles. Era el vuelo de Iberia IB 6170 con aterrizaje en Madrid a las 14:15 del sábado 1 de diciembre y salida de Los Angeles el viernes 30 de noviembre.

Se cerraron las puertas con casi 45 minutos de retraso sobre el horario previsto. El comandante lo explicó poco después (escribo de memoria, pero básicamente esto es lo que dijo): “Señores pasajeros, les habla el comandante. Les pido disculpas por el retraso en la salida de este vuelo, debido que el avión ha llegado tarde al aeropuerto de Los Angeles. No se preocupen, porque este retraso no afectará a las conexiones con otros vuelos ya que durante nuestro recorrido recuperaremos el tiempo perdido ahora y el avión aterrizará prácticamente en hora en el aeropuerto de Madrid. Les deseo buen vuelo“.

Después de este comentario del comandante, el avión estuvo circulando muy despacio por las pistas del aeropuerto de Los Ángeles casi una hora más hasta que, finalmente, despegó.

No hubo ninguna información adicional del comandante hasta pocos minutos antes de aterrizar (transcripción casi literal):

Señores pasajeros, hemos iniciado el descenso hacia el aeropuerto de Madrid. Si no se producen retrasos adicionales no previstos, aterrizaremos en el aeropuerto de Madrid dentro de quince minutos. El cielo en Madrid está prácticamente despejado con algunas nubes dispersas. La temperatura en Madrid es de 9 grados“.

Ni una explicación por el retraso en el aterrizaje, ni una disculpa a los pasajeros, especialmente a los que perdieron sus conexiones. Aterrizamos con una hora de retraso a pesar de que al inicio del vuelo nos aseguró que aterrizaríamos en hora. ¿No nos merecemos los pasajeros una explicación de por qué dijo que no íbamos a tener retraso y sí lo hemos tenido?

No sé el nombre del comandante. No lo apunté al principio del vuelo. Se merece que su nombre aparezca aquí con todas las letras, por tratar tan displicentemente a sus clientes.

Sólo tengo una foto del morro del avión, en el que aparecen los pilotos difuminados y el nombre del avión. Un avión con ese pedazo de nombre pintado en sus laterales a duras penas se merece que entremos los clientes y que pisemos su moqueta. Lo menos que podría llevar es un comandante educado y que explicara por qué no puede dar un buen servicio a sus clientes.

En el vuelo de ida, las azafatas de Iberia me trataron muy bien. En esta ocasión también han sido amables. No tan amables como para que les pida sus nombres, pero razonablemente amables. Un trato suficientemente eficiente y educado. ¿Por qué no lo dispensa también el comandante? ¿Qué le hemos hecho los pasajeros? ¿Prefiere que no volemos?

* * *

Equiparaba en mi última entrada a azafatas con camareras. A cmtnez la equiparación le parece una falta de respeto. ¿Por qué podría ser una falta de respeto? ¿Una falta de respeto para quién, me pregunto yo? A mí no me parece un trabajo idéntico ser azafata que ser camarera, pero sí me parece muy parecido, cada uno con sus peculiaridades. ¿A quién falto el respeto al comparar y equiparar algunas de las tareas de esos oficios? No veo qué puede tener de denigrante ninguno de esos dos oficios.

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