En las ciudades, en algunas ciudades al menos, hay una o varias curvas que están diseñadas y puestas para el desahogo de los ciudadanos. No cabe otra explicación.

El otro día en Valencia, mientras iba a pie desde la estación del AVE a la estación antigua o de cercanías, pasamos por una curva y contracurva que debe ser divertidísima. Me recordó a cuando corrí en el circuito urbano de Alcañiz, hace un milenio. Llegué y para conocer bien el circuito hice lo mismo que hacía en todos los circuitos a los que iba: recorrerlo a pie.

En Valencia, a pie, con el cuerpo vertical, un paso tras otro, al ver las curvas sentí los cambios de apoyo en mi cuerpo. Tenía pinta de ser divertida, con una frenada en apoyo.

En Madrid tengo localizadas tres curvas. En ocasiones doy un pequeño rodeo para pasar por ellas. Son mis pequeñas curvas urbanas. No sé qué tendrán las curvas. Atraen.

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