Me siento en el Fiat Bravo adaptado y me pongo el cinturón de seguridad. El acelerador está dispuesto en un aro situado sobre el volante y el freno en una palanca que sobresale por la derecha, entre el volante y las rodillas. El cambio es manual, con embrague automático. Un sensor colocado en la palanca detecta cuándo se pretende cambiar de marcha y actúa sobre el embrague.

Frenada con coche adaptado. Acelerador en el volante.

Antes de conducirlo yo, he subido con Mamen, una asistente al curso de conducción. Su coche particular es diferente, lleva el acelerador en la misma palanca que el freno. Es un sistema más antiguo. Con ése sistema, conducen todo el tiempo con la mano izquierda, mediante una bola adaptada al volante. En cambio, con el acelerador convertido en aro, pueden llevar las dos manos sobre el volante continuamente, salvo para frenar.

Cuando me toca a mí, sube conmigo Albert Llovera, para ayudarme. Siempre dispuesto y un rabo de lagartija, que me decía mi madre cuando era pequeño. “Vas a conducir sin utilizar los pies” inquiere, entre afirmación y pregunta. “Sí, claro, sin los pies”. Me cuenta los detalles del acelerador, el freno y el cambio y me pongo en marcha.

Busco el punto muerto para arrancar el motor. No hace falta. El embrague siempre “está pisado” mientras el coche esté parado y no se acelere. Agarro el volante con la yema de los dedos y acelero con las palmas. Albert no me corrige. Me cuesta conducir así. No llego bien al volante, no lo puedo girar todo lo rápido que quiero porque no lo agarro con suficiente fuerza y no tengo buena sensibilidad con el acelerador. Además, al intentar mover el volante con rapidez por el eslalom que han preparado, acelero sin pretenderlo en varias ocasiones. Cuando noto que acelero de más, la reacción instintiva es levantar el pie derecho (aunque no esté pisando el pedal del acelerador).

Con todo, lo peor no es el volante ni el acelerador, sino el freno. La mano derecha no se me dispara automáticamente hacia la palanca que tengo situada entre las rodillas y el volante. Cuando quiero frenar, tengo que pensar, por lo que siempre freno más tarde de lo que deseo. No sólo tarde, también con poca precisión, porque no tiene nada que ver la fuerza del brazo con la de la pierna, ni el brazo de palanca ni el recorrido con el que se frena al utilizar un mando u otro.

No creo que sea difícil acostumbrarse, pero es necesario practicar. Albert me dice que haga una L marcha atrás. Los parapléjicos necesitan siempre las dos manos para conducir marcha atrás. No pueden girarse y soltar una mano del volante como hacemos la mayoría para mirar hacia atrás (salvo cuando tenemos tortícolis o un tirón en la espalda).

Coche adaptado. Insertar la marcha atrás.

Para insertar la marcha atrás hay que apretar la palanca de freno (situada a la derecha) con la mano izquierda y mover la palanca de cambios con la otra mano. Una vez colocada la marcha atrás, se agarra de nuevo el volante con la izquierda y la mano derecha en el freno. La maniobra se realiza mirando exclusivamente a través de los retrovisores. Cuando termino la L, ni rápido ni despacio, casi piso el pedal del freno con el pie, instintivamente. Por fin freno con la mano, con más brusquedad de la requerida.

Acabadas mis maniobras de eslalom, frenada y marcha atrás, Albert me invita a subir a su coche (Es un rabo de lagartija). Se trata del Fiat Punto con el que entrena las carreras. Le acerco la silla de ruedas a su puerta en el Bravo, se baja casi de un salto y sube al Punto de un respingo. Aun así, incluso para él, con su fortaleza y su costumbre, es un momento de “mejor me apaño solo, que nadie me moleste”.

Albert Llovera. Fiat Punto de entrenamientos.

Rápidamente me doy cuenta de que yo agarraba mal el volante. Albert agarra el aro con los dedos (no con las yemas como hacía yo) y acelera utilizando los pulgares. A mí ni se me ocurrió que tuviera fuerza suficiente en los pulgares para apretar el acelerador. En cualquier caso, habrá que fortalecerlos, porque como agarraba yo el volante no es nada recomendable.

En el coche de Albert, el freno está situado en otro aro, por debajo del volante, más a mano que esa palanca situada cerca de las rodillas y con la que yo no conseguí frenar bien ni una sola vez.

Albert conduce con más facilidad y precisión su coche adaptado que yo cualquier coche con pedales. En el eslalom sobre tierra, además de todas las palancas, utiliza el freno de mano cada vez que lo considera conveniente para inscribir el coche. Aparentemente sin dificultad.

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Gracias a todos los participantes en el curso por responder a mis preguntas, por dejarme subir con vosotros y hacer fotos. Gracias Albert por tu paciencia y todas tus explicaciones. (¡¡Mucha suerte en tus carreras!!). Ha sido un placer conoceros y pasar una mañana con vosotros.

Gracias también a Fiat y a Guidosimplex por fiarse de mí y dejarme conducir sus coches adaptados. (No hubo riesgo, pero casi)

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