Los conductores profesionales conducimos para ganar dinero. Nosotros, los periodistas que probamos coches, somos conductores profesionales. Somos colegas de camioneros, taxistas, repartidores, conductores de ambulancia, choferes, conductores de autobús y decenas más de profesiones en las que unos y otros conducimos para ganar dinero.

Me gusta ser conductor profesional. Yo, además de probar coches como periodista, también soy chofer en mis tiempos libres y escribo artículos cuando hago de chofereso.

Probablemente, porque soy un conductor profesional, me gustan las furgonetas. Es una relación causa-efecto que intuyo generalizable a todos los conductores profesionales. Quizá no. No lo sé. El caso es que a mi las furgonetas me gustan mucho.

Cuando era pequeño, de lo cual hace sólo 50 años, iba al colegio en furgoneta. Había dos furgonetas que hacían la ruta, una la conducía el señor Martí y la otra el señor Ferreras. Era en la Tarragona en la que crecí. Yo debia de ser un enchufado, porque muchas veces iba sentado sobre el motor de la furgoneta del Sr. Martí. La furgoneta del señor Ferreras era un DKV. De la del señor Martí, creo que nunca supe la marca. Era una furgoneta antigua, con los asientos rojos y desvencijados. ¿Qué marca sería? Allí íbamos sentados niños y niñas al colegio, sin cinturón, en asientos corridos y en pantalón corto. En esas furgonetas hablábamos los de las diferentes clases. Allí me preguntaron por primera vez la capital de España. Contesté “Francia”, porque había oído hablar de capitales, pero no sé por qué pensaba que capital era el país vecino. Vivía en Tarragona, Francia debía de parecerme más vecino que Portugal, en el caso de que supiera que existía Portugal.

De aquellas furgonetas recuerdo perfectamente el abultamiento en mitad del piso, para alojar el motor, el lugar preferido de todos los niños para ir sentados. El conductor iba prácticamente pegado al frontal plano de la furgoneta (madre mía las pruebas de choque) y el motor y la caja de cambios iban colocados a su derecha, ligeramente hacia atrás. También recuerdo las larguísimas palancas de cambio, con unos recorridos infinitos para pasar de una marcha a otra. Entre que empezaban a mover la palanca, la llevaban hasta el punto muerto, hacían el doble embrague con aquellos pedales que se pisaban como setas altísimas que salían del suelo y volvían a empujar la palanca para meter la marcha, pasaban fácilmente más de dos segundos.

Los vehículos de transporte profesional siempre me han seducido. No sé nada de ellos, pero cada vez que los conduzco disfruto como un niño. En la mili tuve la suerte de ser conductor. Llevé de todo y en especial una grúa que pesaba un quintal y que subía a 15 -20 km/h por las cuestas. Yo estaba convencido de que algo tenía que hacer mal, que no podía ser que aquello no subiera más rápido, pero por más que cambiara de marcha, no encontraba  la forma de consesguir que subiera más deprisa. En llano iba muy bien.  No convalidé el carnet de camión de la mili, porque me robaron un día la cartera con el carnet dentro, y me ha dolido toda la vida.

En fin, esta introducción se debe a que he estado en unas jornadas de formación de Vehículos Comerciales de Volkswagen. Había ambulancias (de pequeño quería ser conductor de ambulancia. Era mi sueño de profesión). Todavía me encantaría conducir una ambulancia. Me presento voluntario a conducir ambulancias en fin de año o en Navidad, las fechas en las que nadie quiere trabajar y que a mí no me importa nada. Todavía nadie me ha dejado serlo.

 

Puerta interior. Cerrada. En la foto superior se ve abierta, al fondo de la cabina.

En la presentación de los carroceros (fabricantes de segunda fase) me ha gustado especialmente la intervención de Enrique González Juan, gerente de operaciones de ZAGOAutomotive, una empresa carrocera de origen español, que ha basado sus comentarios en hacer ver a los vendedores de Volkswagen por qué sus transformaciones hacen que sus vehículos sean más rentables que los de la competencia.

Una puerta interior, por ejemplo, que comunica el puesto del conductor con la zona de “paquetería”, permite al repartidor seleccionar su paquete para entrega sin tener que bajar del coche. Ese detalle, que puede puede significar un ahorro de tiempo insignificante en algunas paradas y un ahorro de tiempo relevante en otras, suma minutos de eficiencia día a día. Porque no sólo no obliga a esperar que dejen de pasar coches para abrir la puerta del conductor. Tampoco hay que rodear la furgoneta para entrar por otra puerta, ni tener que subir de nuevo desde la calle al espacio de carga.

Son ahorros de tiempo en cada parada, que al final, seguro que suponen mayor eficiencia y por tanto mayores ingresos y mayor rentabilidad.

Los representantes de otros carroceros han hecho hincapié en la seguridad, o en las dificultades técnicas para cumplir con los aspectos legales. Enrique González ha ido al corazón de todo negocio, la rentabilidad.

Conducir para ganar dinero exige ser muy eficiente cuando no se conduce. Quienes probamos coches lo sabemos bien. La de horas que dedicamos a trabajar sobre los coches cuando están detenidos. Para medirlos, para averiguar todos sus detalles, para escribir sobre ellos. En ZagoAutomotive, también lo tienen meridianamente claro. Pero no todo es rentabilidad económica. En una ambulancia, la rentabilidad se mide de otra manera y en un coche de policía también.

Volkswagen Crafter. Ambulancia. Stil Conversion

Esta ambulancia me dejó maravillado. Casi me entraron ganas de sufrir otro atentado para que me atendieran aquí dentro.
En el coche de policía me senté. Los cinturones van fijos. No se pueden enganchar si no son liberados desde la parte delantera. Pero es imprescindible que quien vaya sentado en estos asientos lleve cinturones de seguridad, tanto si va esposado como si no. Sujetarse es imposible. La mampara que separa la zona delantera y posterior hace imprescindible estar bien sujeto en caso de accidente, con el cinturon bien apretado. No sólo eso, la forma de los asientos y el material plástico de la superficie, los hace enormemente resbaladizos. Nunca he estado tan incómodo sentado en un coche La zona del respaldo prácticamente impide apoyarse. Supongo que es para trayectos cortos. En la zona de los pies hay un desagüe, entiendo que para limpiar toda la zona de un manguerazo.

Volkswagen Caddy Zago Automotive. Kit de detenidos.

Por tanto, no basta con pensar en la rentabilidad. Los coches tienen que ser seguros y tienen que ser agradables de utilizar. No sé nada sobre la seguridad de estos coches. Pero sí he visto la calidad de los acabados de los coches que traían los “fabricantes de segunda fase”. Me he quedao impresionado. Seguro que no son baratos, porque las cosas biene hechas tienen un precio, pero la calidad percibida era en general muy elevada.

Volkswagen Crafter. Ambulancia. Rodriguez López Auto

Con todo, a mí los dos coches que más me han gustado han sido las ambulancias. Las ambulancias y los coches de bomberos ejercen un poder sobre mí del que no puedo escapar. Desde pequeño. La potestad de circular a toda velocidad entre el tráfico, con las luces y las sirenas, siempre me hizo seguirles con la vista, embobado.

Volkswagen Caddy. Sortimo.

Tengo una hermana médico que una vez fue dentro de una ambulancia, durante muchos kilómetros, a atender a un paciente. No era especialmente urgente, según me contó, pero al conductor de la ambulancia parecía no importarle y según mi hermana iba despepitado por las carreteras y por las curvas. Tener capacidad de juicio, saber cuándo es conveniente ir deprisa y cuándo no tiene ningún valor, también está directamente relacionado con la rentabilidad.

Lo que me ha quedado claro al ver todos estos coches de Volkswagen Comerciales es que la intervención de un carrocero es imprescindible en muchos casos. Una furgoneta desnuda debe de ser útil en pocas ocasiones. Desconozco el coste de estas preparaciones, pero por la calidad no parecen baratas. ¡¡Qué difícil es tener un negocio y ganar dinero con él!!

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