Hace unos días, me dijo el familiar de un amigo que se le había encendido la luz del ABS en el cuadro de instrumentos. Estaba preocupado. La luz no había vuelto a lucir, pero él no estaba tranquilo. No sabía si el ABS de su coche funcionaba o no.

Me preguntó si había alguna forma de saber si el ABS funcionaba y le dije que sí, que me dejara el coche cinco minutos. Me dio las llaves y se vino conmigo, sentado en el asiento de la derecha.

Subí al coche, ajusté asiento, espejos, volante y reposacabezas y puse primera.

En el primer cruce reparé en que un colgante enorme pendía del espejo. Era muchísimo más peligroso que cualquier fallo en el ABS. Nunca en mi vida había llevado un coche tan peligroso.

El colgante molestaba para ver bien el interior de las curvas y tapaba la visibilidad en los cruces. Me pareció mucho más peligroso que llevar mal la presión de los neumáticos, que no llevar el cinturón puesto, que no haber revisado los frenos… Un disparate colgante.

Cualquier elemento que suponga un obstáculo para la visión es un peligro enorme, para uno mismo y para los demás.

Le pegué un frenazo al coche y el colgajo se abalanzó sobre el parabrisas. “El ABS funciona perfectamente”, le dije al dueño. “Lo que funciona fatal en este coche es la visibilidad. Por culpa de esto que cuelga aquí en medio puedes tener muchos más accidentes que por culpa de un ABS defectuoso”.

No sé quién sería la primera persona a la que se le ocurrió colgar algo del retrovisor ni tampoco por qué esa iniciativa ha tenido tantos seguidores.

Cualquier elemento que dificulte la visión es un peligro para los ocupantes del propio coche y para todos los demás.

Si conocen a alguien que lleve colgantes en el retrovisor, pídanle con insistencia que los quite. En beneficio de todos. Gracias.

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