Este fin de semana he vuelto a Atienza después de varios años de no vistarla. Es una población de la que conviene no olvidarse por mucho tiempo. Cada vez que he ido he vuelto feliz de haberme acercado.

Atienza, desde el Castillo

He subido al castillo con amigos alemanes e ingleses. Uno de ellos, de Inglaterra, ha dicho: “Mañana tengo que volver a subir para mirar este paisaje. Hoy tengo la sensación de que no soy capaz de retenerlo, de como si no fuera posible ver todo esto desde aquí. No acabo de creérmelo. Tengo que volver mañana para confirmarlo.”

Después de escucharle he vuelto a mirar el paisaje, por si tuviera razón, por si no fuera posible llevárselo de recuerdo.

En Atienza hay catorce iglesias y tres museos. Hemos visitado la iglesia-museo de la Santísima Trinidad, por la que hacen pagar 1,5 Euros de entrada. Los vale de sobra, aunque no creo que recauden dinero suficiente como para que les salga rentable cobrar. Es una Iglesia con ábside románico y bóveda de crucería.

Iglesia de la Trinidad. Atienza.

El museo de arte sacro, los retablos, las tallas policromadas, reliquias, libros y documentos, un catafalco impresionante, cuadros y la vista desde el exterior me han recompensado la visita.

Hay varios hoteles rurales en Atienza. Yo he dormido en el Palacio de Atienza, cuyos precios me parecen tirando a caros en plena crisis para lo que da el hotel. No está bien cuidado como para que resulte un hotel con encanto. Mi habitación, la número 8, no tiene ni una ventana, el baño es pequeño y huele a desagüe. El cuadro eléctrico emite un zumbido molesto y el ruido de las otras habitaciones apenas está filtrado. Espero que en Atienza haya opciones mejores para alojarse.

Sólo tengo una referencia de lugar de comida. El restaurante El Mirador que no destaca ni por bueno ni por malo. Algún plato estaba más logrado que otro. De lo que he probado, las alcachofas resultan poco sabrosas. En cambio, el solomillo de cerdo relleno de espinacas con salsa de mostaza queda mucho mejor. Por la ojeada que eché a la carta no me pareció especialmente barato. El servicio no es antipático, pero tampoco amable.

Lo que más me gustó de El Mirador fue su cocinero, que nos dijo que el campo en esta época está triste y feo. De enero a marzo, según él, es la peor época para ver el campo de Atienza.

Mi sensación, después de pasar por el hotel y el restaurante y por mi recuerdo de otras visitas a la zona es que la hostelería en esta zona de Guadalajara está poco acostumbrada a ganarse al cliente. Hace mucho años había un pequeño restaurante en Atienza, regenteado por Jesús Velasco, que realizaba una comida excelente. Pero se trasladó a Guadalajara (Amparito Roca) y el atractivo para acercarse a Atienza disminuyó.

En mi viaje de ida desde Madrid, he llegado a Atienza por Sigüenza. De regreso, he ido directamente hacia Cogolludo y Guadalajara. La carretera entre Sigüenza y Atienza está muy bacheada y conviene evitarla, especialmente con niños dentro del coche. En los dos recorridos hay muchas curvas y uno lo puede pasar muy bien conduciendo si le gustan este tipo de carreteras.

Yo lo he pasado muy bien. ¿Con qué coche ha sido?

Adivinanza. Atienza.

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