Esta semana, El Tribunal de Estrasburgo (Corte Europea de los Derechos Humanos) ha dado la razón a una madre italiana que había pedido durante muchos años que retiraran los crucifijos de las aulas a las que asistían sus hijos. El tribunal ha dicho que los crucifijos en las aulas son “una violación de los derechos de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones” y de “la libertad de religión de los alumnos”.

El revuelo en Italia es enorme. En España sucedió algo parecido hace un año en Valladolid, cuando un juez ordenó que se retiraran los crucifijos de todo un colegio.

En el diario La Repubblica leo que Gianfranco Fini dice: “Mi auguro che la sentenza non venga salutata come giusta affermazione della laicità delle istituzioni, che è valore ben diverso dalla negazione, propria del laicismo più deteriore, del ruolo del Cristianesimo nella società e nella identità italiana“.

¿A qué se refiere Gianfranco Fini? ¿A que los ateos negamos la existencia de cualquier dios o a que los ateos negamos el derecho a los demás a creer en el dios que quieran?

Porque retirar los crucifijos de las aulas no es una agresión contra los católicos, desde mi punto de vista. Los católicos pueden adorar y venerar a su Dios, pero eso no debiera significar que impongan su presencia simbólica, continuamente, a niños, que seguro que vivirán de otra manera si nunca oyen hablar del Dios católico como un asunto real.

Los ateos y agnósticos (negar a Dios es hacerlo presente. Duele que la figuración no deje alternativa. Uno crea y la figuración es real.) no queremos que los demás renuncien a la tradición del catolicismo ni de otras religiones. Pero las tradiciones, como la historia, no tienen autoridad. Los Derechos Históricos son una patraña interesada. La tradición católica de España o de Europa no puede tener autoridad sobre nuestros comportamientos actuales. Igual que no hay posibilidad de Derechos Históricos sobre las autonomías en España. Lo único que tiene autoridad son los votos, que cada uno conforma con el peso de la historia y de las tradiciones que considere adecuado o que sepa gestionar.

Los ateos nos consideramos agredidos cuando los católicos nos obligan a comulgar con sus crucifijos en lugares públicos. Nos sentimos engañados y estafados por una creencia que consideramos inconsistente, incierta, falsa. Yo pienso, además, que si ese Dios que pintan los católicos fuera de verdad, sería un ser malvado que, con tanto poder, hace sufrir a los humanos sin motivo alguno. Si es omnipotente, que cambie las reglas y que nos deje vivir siempre en el paraíso. ¿Qué motivos tendría para castigar este ser omnipotente? ¿A santo de qué el pecado original?

Los católicos se molestan cuando los ateos ponemos en cuestión a su Dios y cuando nos molestamos porque nos obligan a convivir y respetar en lugares públicos lo que nosotros consideramos símbolos de una patraña.

No quiero utilizar palabras suaves (eufemismos) porque no sirven de nada. Lo que yo pienso no puede ser hiriente para los demás. Igual que lo que piensan los demás no es hiriente para mí. Yo vivo las fábulas de la existencia de Dios como patrañas sin la más mínima credibilidad. Y me parece maravilloso que amigos míos consideren a Dios el centro de su existencia. Ellos sabrán. Igual que yo.

No sé en qué otro diario, ni siquiera sé si era italiano o español, he leído que alguien declaraba que la división del pueblo en Italia no es entre derechas e izquierdas, sino entre creyentes y no creyentes.

A mi juicio también sucede en España. La confrontación política se decanta en España entre quienes defienden la autoridad de las tradiciones (religiosas y nacionalistas ) y quienes defendemos que esa autoridad no se sostiene en la razón. El debate ha dejado de ser económico. Incluso ahora, en plena crisis, el debate económico es insignificante. No estoy muy al tanto, pero la única gran manifestación de los últimos meses ha sido relativa al aborto, directamente relacionado con la religión.

En Italia el enfrentamiento es grande por el crucifijo y recuerdo que en Valladolid se llegó a agresiones físicas. Había quien consideró que retirar los crucifijos era un insulto a los creyentes y que debían defenderse de ese insulto. La familia que ha recurrido al Tribunal de Estrasburgo ha reclamado protección.

A mí la presencia de símbolos religiosos en lugares donde crecen y se educan los niños me molesta. Me parece normal que me moleste. Para mí es como si pusiéramos a Batman (No se consideren agredidos, por favor. Sólo intento expresar lo que yo siento). Se trata de una marca comercial que genera dinero. A eso se le llama publicidad, gratis y en exclusiva, todos los días, a todas horas, sobre la cabeza de los niños. Sabemos perfectamente cómo los niños se lo creen todo, las brujas, Batman, los príncipes y las princesas. No tienen la edad adecuada para tener la presencia constante de un crucifijo en clase. Si la tuvieran, tendríamos que debatir si es el tapón de Coca Cola, Batman o el crucifijo.

Me gustaría saber qué es lo que les molesta a los católicos de mi falta de fe.

Yo quiero vivir sin la presión moral de los católicos, que como son mayoría quedan reflejadas en leyes. A mí, por ejemplo, me parece un abuso de poder que la mayoría pueda legislar sobre si tengo derecho a suicidarme o no. ¿Les parece que es una pretensión lógica?

Gracias

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