En toda adivinanza que se precie tiene que haber un juego de espejos.

 

En esta, además, hay un jugador suicida.

 

 

Que te aparezca este cartel escrito en español, en el navegador de tu coche,  mientras circulas por una carretera de Alemania infunde respeto. ¡A mí no, a mí no!

 

Y llega la autopista. ¿Qué hacemos con la precaución? ¿Entramos?

 

 

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