No sólo existen sistemas HMI desastrosos en los sistemas de asistencia a la conducción. También los hay en la concepción general del cockpit de ciertos vehículos. Hablabais el otro día en los comentarios del caso del Honda Civic, por ejemplo. El Civic es un modelo que yo no voy a incluir aquí… porque no tiene un mal concepto de ordenación interior. Salvo para algunos conductores, a los cuales el aro del volante les puede tapar la visión del velocímetro (lo cual es grave), el disponer de la velocidad en una zona predominante que causa un menor esfuerzo de enfoque visual es una muy buena idea.
Centrémonos en otros casos, por lo tanto. Me limitaré a dos, muy evidentes, capaces de comprometer la seguridad (y por eso los cito aquí en este blog).
BMW. i-Drive.
En el año 2001, BMW sorprendía a propios y extraños con el extraño (valga la redundancia) Serie 7. Entre sus elementos destacados, un sistema de control de funciones secundarias para la conducción que consistía en un mando capaz de moverse en ocho direcciones, de girarse y de pulsarse. Todo ello, aderezado con unos menús crípticos, sin código de colores, con multitud de parámetros a controlar y sin ningún otro botón de apoyo (”Cancel” o “Return”, por ejemplo). Un sistema integrado en un vehículo orientado a compradores de edad no precisamente baja que prácticamente requería un doctorado en informática para manejarlo. Efectivamente, hablamos del i-Drive.

Citroën C4.
Casi todo está mal en cuestiones de HMI y ergonomía en el C4. Partiendo de un volante plagado de botones y de incongruencias, a partes iguales. La idea de que el núcleo sea fijo puede ser buena o mala. Lo que sin duda queda claro es una idea desastrosa es integrar botones para encender o apagar las luces de cortesía y no incluir el de “retroceso de canción” o “emisora anterior”. Ya que tenemos un volante con alrededor de 20 botones, sería deseable. Al igual que sería deseable, por ejemplo, limitar al conductor la posibilidad de juguetear con los extraños menús de configuración instrumentos desde el volante en marcha a 120 km/h.
Pero no nos detengamos ahí: echémosle un vistazo a los mandos del navegador. Pequeños, juntos, bajos. Malos, muy malos.

Y para acabar de redondearlo, tenemos una ordenación de la información pensada para un mono con esquizofrenia. Hasta 5 lugares donde buscar (y encontrar, si hay suerte) la información adecuada. La zona del “cuadro principal” (por llamarle de alguna manera) aglutina una cantidad tal de números que descubrir la autonomía es tarea de titanes y cuestión de proponérselo… porque el ordenador de a bordo está en una de las pantallas centrales.
En resumidas cuentas: el equipo de diseño y desarrollo del concepto de HMI y ergonomía de un Citroën C4 ha de conocer, por fuerza, todos los tratados sobre la materia. Lo malo es que, a la hora de ponerlos en práctica, hicieron justamente lo opuesto a lo recomendado.
Aunque claro, todo se puede superar…

Aunque claro, sus conductores ya son profesionales.
Y me dejo en el tintero muchos otros “pequeños desastres”: el control de crucero con limitador de un Renault Mégane II, la ubicación de la pantalla de navegación de un Xedos 9 o de un Mégane Scénic…