El pasado fin de semana, mientras acudíamos a ver la quinta prueba del Campeonato de España de Rallys de Asfalto (en esta entrada os contamos lo sucedido) nuestro Renault Clio tuvo un problema. Un “fallo misterioso” ya que, igual que ocurrió, se solucionó.

Eran aproximadamente las ocho de la mañana del sábado 26 de julio, circulábamos por la autovía A6 dirección Ponferrada. Lo hacíamos con el control de velocidad activado. De hecho, habíamos circulado con él de manera continuada durante 290 kilómetros —excepto algunas desconexiones al frenar—. De repente, dejó de funcionar.

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En un principio el susto fue mayúsculo. Estábamos en una ligera pendiente ascendente y el coche dejó de acelerar —notando un tirón que nos alarmó—. La primera impresión fue “adiós al turbo”, pero rápidamente un vistazo al cuadro de instrumentos —para ver el mensaje de fallo en el control de velocidad— y un pisotón al pedal del acelerador —con lo que el coche reaccionó— nos calmaron, aunque de manera momentánea.

En la pequeña pantalla monocroma del cuadro de instrumentos, aparecían una serie de mensajes advirtiendo de todos los fallos que la centralita estaba descubriendo —error en el sistema de frenado y en el vehículo; desconexión del ESC y del asistente de arranque en pendiente—. Además, los testigos de avería (símbolo de una llave inglesa) y de desconexión del control de estabilidad estaban encendidos.

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Continuamos unos kilómetros, no más de quince, realizando pequeñas pruebas como cambiar de velocidad, frenar bruscamente o acelerar mucho. Todo correcto. También conectamos y desconectamos en varias ocasionados el programador de velocidad, pero no funcionaba.  El limitador de velocidad sí funcionaba. Hechas las pruebas, mi compañera de viaje comenzó a realizar las fotos que acompañan a esta entrada —son con el móvil y en movimiento—.

Era hora de parar, y como el coche continuaba funcionando bien, elegimos hacerlo en una gasolinera. Nuestra intención era apagar el coche y volver a encenderlo, con la esperanza de que la avería se solucionase de manera automática.

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Antes de detenernos, desconectamos el sistema de parada y arranque automático, nuestra intención era poder hacer fotos de mejor calidad antes de parar el motor. Pero no pudo ser, ya que cuando circulábamos a unos 10 km/h, los dos testigos se apagaron y los avisos de avería desaparecieron.

Una vez parados y antes de quitar el contacto, comprobamos que los mensajes de alerta de la pantalla ya no estaban visibles —para verlos teníamos que pulsar los botones que hay en el extremo de la palanca del limpiaparabrisas; imagen—. Aun así, hicimos la operación de parar el coche.

Reemprendimos la marcha minutos después, y todo funcionaba correctamente. El viaje de vuelta lo hicimos en su mayor parte con el control de velocidad activado para comprobar si funcionaba bien. No dio más problemas.

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No es la primera vez que nos ocurre este fallo. En marzo de 2014, cuando el Clio tenía cerca de 61 000 kilómetros, nos pasó exactamente lo mismo. En aquella ocasión, también habíamos circulado con el control de velocidad activo cerca de 250 kilómetros. No decidimos darle importancia puesto que en la revisión de los 60 000 kilómetros —que la realizamos con 61 487; en esta entrada contamos cómo nos fue— al conectar el ordenador de diagnosis al vehículo, éste no indico fallo alguno.

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