Hay días en que las cosas se tuercen y el martes 24 de junio fue uno de ellos. Se supone que esa mañana debía volar a Alemania para acudir a la presentación en Colonia del nuevo Ford Edge, pero la huelga de controladores aéreos franceses hizo que mi vuelo se retrasase tanto como para no llegar a dicho evento. Así que un poco antes de la nueve de la mañana, tras casi tres horas de espera en el aeropuerto de Barajas, me volví a la oficina con la intención de coger el Clio e irme a Zaragoza.

Saqué el Clio de nuestro garaje, que está en la zona centro-norte de Madrid. Recorrí un par de avenidas largas antes de llegar a una de las autovías de circunvalación. Llevaba un par de kilómetros por la M-11 cuando empiezo a ser consciente de que estoy oyendo un ruido anormal en el coche. Alfonso, es una imaginación tuya, pensé. Pero no. En cuanto la velocidad era de más de cien kilómetros por hora un ruido extraño tomaba la delantera a los del motor y de rodadura.

Durante lo siguientes kilómetros estuve haciendo pruebas. Comprobé que el ruido era proporcional a la carga del motor, mayor cuanto más aceleraba (no cuanto más rápido iba, que también, pero en menor proporción) y al pisar el embrague desaparecía. Si levantaba el pie del acelerador el ruido disminuía hasta que al cabo de un tiempo volvía aumentar. Tenía toda la pinta de ser un problema de la transmisión, pero no sabía ni qué era ni su gravedad. Entre mis planes estaba hacerle más de 1000 km al Clio antes de volver a Madrid así que busqué en el navegador del coche un taller Renault para que me dijesen si podía continuar con el viaje o no. Había pasado ya el km 34 de la A2 y el navegador me indicaba que unos kilómetros más adelante, en Azuqueca de Henares, había un taller.

Era Talleres Azuqueca, S.L. Al llegar me atendió la que supongo que era la recepcionista del taller. Le dije que estaba de viaje y que había oído un ruido anormal y que necesitaba saber si podía continuar o, por el contrario, debía cancelarlo y dejar el coche a reparar. Fue a preguntar a un mecánico que estaba trabajando en un coche dentro del taller. Desde donde yo estaba vi que el mecánico giraba la cabeza de lado a lado. La recepcionista nos confirmó lo que yo ya había interpretado: no iban a mirar el coche. Me dijo que estaban muy ocupados y que si quería, que les dejase el coche. Le dije que no, le di las gracias y me marché.

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Taller de Azuqueca de Henares. No pudieron (o quisieron) ayudarnos

Volví al coche y tras hacer una foto junto a la entrada del taller consulté en el navegador dónde había otro cerca, pero ya en sentido de vuelta a Madrid. En esos momentos tenía claro que era el segundo viaje del día que no iba a poder hacer. En la pantalla me apareció otro servicio de Renault en Alcalá de Henares, a unos 19 kilómetros.

Siguiendo las indicaciones del navegador llegué al taller (Autocarpe Concesionario S.L). Esta concesión de Renault era mucho más grande que la primera (y nueva, o eso parecía). Entré con el coche al taller y lo dejé junto a la recepción, una habitación separada por paredes de cristal de la zona de taller. En un par de minutos la persona encargada se ocupó de mí. Tras explicarle lo que ocurría, acudió a consultar a un mecánico y me dijo que en cuanto el mecánico terminase con una tarea en la que estaba en ese momento, vendría a atendernos.

Mientras esperaba estuve viendo el taller. Era grande y estaban trabajando en muchos coches. Las instalaciones estaban limpias y los mecánicos, la mayoría de los que vi eran jóvenes, trabajaban con guantes de color azul de usar y tirar. En menos de cinco minutos apareció un mecánico joven que me invitó a ir con él a probar el coche. Él se subió al asiento del conductor y yo al del acompañante. Mientras le explicaba lo que sucedía comenzó a hacer pruebas con el coche. Rápidamente descartó que fuese el embrague; poco después, que fuese un soporte del motor. Tenía la duda de que pudiese ser una transmisión o la caja de cambios. Como no estaba convencido, nos dijo que iba a subir el coche a un elevador en el taller para examinarlo mejor.

Según volvimos al taller, colocó inmediatamente el coche en un elevador y empezó a hacer pruebas con un compañero. Con las ruedas girando en el aire, el ruido era muy evidente. A los pocos minutos me dijo que creía que el problema estaba en la caja de cambios. Me indicó que iba a sacar el aceite del cambio para ver si había virutas metálicas, lo que sería un signo inequívoco de que el problema estaba ahí. Extrajeron el aceite, echando parte del que salió al principio y parte del que salió al final en un recipiento de plástico transparente. Tras examinarlo él y su compañero, me enseñó unos pequeños puntitos en el fondo del reciente. Cogió un imán y estos puntos (y otros que estaban ocultos bajo el aceite, ya de color oscuro) se movían atraídos por el campo magnético. Definitivamente, el problema era la caja de cambios.

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Nuestro Clio en el elevador de las instalaciones del taller Autocarpe SL.

Como era de suponer, me dijo que no iba a poder continuar el viaje, que había que cambiar la caja. Le pregunté por el proceso de reparación: si lo cubriría la garantía y cuánto tiempo estimaba que estaríamos sin coche. Sobre lo primero, dijo que en principio sí, que si era un defecto de la caja no habría motivos para pensar que no iba a cubrirlo la garantía, pero que se pondrían en contacto con nosotros cuando Renault autorizase la reparación. Pasado ese momento, si había una caja de repuesto en España (que suponía que sí la habría), le llegaría en 24 horas y que, en cuanto la recibiese, la tendría montada para el día siguiente. Según sus cálculos, si todo fuese bien, el coche estaría ese mismo jueves por la tarde, una previsión que con nuestros antecedentes se nos hizo muy optimista. Tras despedirme de él y agradecerle el interés que había puesto en ayudarme con el problema acudí a la recepción donde cumplimentaron la ficha del coche.

En el ordenador, cuya pantalla yo veía, introdujeron los datos necesarios para dejar el coche y proceder a su reparación. En una de las imágenes se veía el historial de reparaciones del coche. Durante ese proceso, el ordenador advirtió de que había pendiente una OTS  referente al “amortiguador de protección de peatones”. Una OTS es una operación técnica para solucionar algún problema. El recepcionista me explicó (y enseñó en la pantalla) qué era ese amortiguador: una pieza, que parecía de plástico, que va por detrás del paragolpes delantero.

Al terminar me preguntó si me iba a ir en el autobús o si quería que me pidiese un taxi. Como mi compañero Enrique Calle ya estaba de camino, le dije que no era necesario. También me dijo que nos avisarían en cuanto tuviesen respuesta por parte de Renault.

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Concesión Autocarpe SL, en Alcalá de Henares

La diferencia entre el primer taller y el segundo ha sido más que evidente. No lo digo por las instalaciones sino principalmente por la atención recibida. Entiendo que en el primero podían tener mucho trabajo y pocos medios pero que ni siquiera viniese un mecánico a preguntarme qué pasaba me pareció un detalle poco profesional. Podría haber sido una avería de diagnóstico fácil por su parte e incluso que no hubiese supuesto una intervención mecánica. En cambio, en el taller de Alcalá de Henares nos solucionaron nuestro problema que en ese momento era exclusivamente saber si podíamos continuar el viaje con tranquilidad o no. Además de la amabilidad con la que nos atendieron, me parece destacable el interés y la profesionalidad que demostró el mecánico.

 

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