De fuente a fuente y tiro porque me lleva la corriente
Domingo 4 Marzo 2012 | Marta
Comencé hablando en el anterior post de la Cibeles, la fuente ornamental de Madrid más conocida, en parte, supongo, por ser lugar de celebraciones futbolísticas. También hoy hablaré de fuentes, pero en este caso me referiré a aquellas más funcionales, las que en lugar de chorritos epilépticos (sigo sin olvidarme de Pepe Isbert) tienen caños sencillos y agua potable y se utilizan para paliar la sed o el calor cuando nos encontramos circulando por la ciudad.
La pena es que, según el colectivo de artistas Luzinterruptus, en menos de treinta años se han perdido más del 50% de las fuentes públicas de Madrid, que hoy se encuentran deterioradas o en desuso. Para devolver la vida a estas fuentes, aunque de forma simbólica y efímera, este colectivo (que ya ha aparecido varias veces en el blog) colocó durante una noche del pasado mes de enero unas esculturas de luz creadas con unos pequeños frascos de cristal (frascos de un suplemento vitamínico para bebés, recopilados por un amigo durante cuatro meses), que simulaban ser regueros de agua, procedentes de los grifos de las fuentes.




En mi vida cotidiana no suelo utilizar las fuentes públicas de la ciudad y la única razón para no hacerlo es la aprensión a que, por darse el caso, algún perro haya podido lamer el caño. Aunque ahora que lo pienso, esta justificación me parece absurda, porque cuando voy a algún pueblo no tengo ningún reparo a la hora de beber en las fuentes. Como si no hubiese perros en los pueblos.
Quizá en las ciudades nos hemos vuelto un poco tiquismiquis y hemos dejado de utilizar gradualmente las fuentes públicas o puede que, al contar cada vez con menos, no se nos ocurre ya usarlas y, si tenemos sed, tiramos de las tiendas de los chinos para comprar botellas de agua, y en el caso de querer lavarnos las manos o simplemente refrescarnos en esos calurosos días de verano, entramos por inercia en cualquier bar en el que nos obligamos a consumir algo. Pero ¿qué es lo que pueden hacer las personas que no tienen recursos para comprar agua embotellada? Durante las olas de calor, es frecuente escuchar en los telediarios recomendaciones sobre la conveniencia de beber e hidratarse, indicadas especialmente para los niños pequeños y los ancianos, pero ¿dónde van a poder hacerlo si no existen fuentes públicas en la ciudad? Como no sea en La Cibeles…


Las fotografías son de la página web de Luzinterruptus, donde podéis ver el resto de las imágenes de la intervención Agua potable corriendo por las calles.



Tienes buen corazón si te preocupas por los que no pueden entrar en una cafetería para pedir agua y te preguntas cómo se las arreglan en unas ciudades en las que no puedes obtener nada sin pagar por ello. La respuesta es: ¿y a quién le importa?. A quienes tendrían que ocuparse de ello, es obvio que les trae sin cuidado. Antes había fuentes en muchísimas calles y en los parques, porque se pensaba en cubrir las necesidades de los ciudadanos, pero ¿y ahora?.
Estuve este fin de semana y Madrid y me dí una vuelta por los jardines que bordean el Manzanares. Inmensos, cuidadísimos… y sin bancos, O sea, preciosos para salir en la foto, pero una pesadilla para los ancianaos, las madres con niños pequeños o, sencillamente, cualquier persona que quiera pasar un rato sentado en esos jardines y disfrutando de ellos.
En las calles hay cada vez menos bancos. El mensaje es claro: o a tu casa, o a la cafetería. La ciudad es para transitar, no para disfrutarla. Se aduce que en los bancos los chicos hacen botellón y vandalismo ( la idea, lo juro, no es mía), luego qyutando los bancos se aplica aquello de que “muerto el perro, se acabó la rabia”.
Antes, para conservar en buen estado los parques, se contrataba a guardias jurados. Y había fuentes. Antes, se trataba a los todos ciudadanos (incluso a los más pobres) como ciudadanos y no como meros contribuyentes.