No sin mi silla
Lunes 28 junio 2010 | Marta
Cuando voy de vacaciones a la playa me hace gracia ver cómo algunas personas acarrean con lo que parece media casa para pasar sólo unas horas junto al mar. Yo que para eso no soy nada previsora sólo me acuerdo de llevar la toalla y una gorra para que no me de mucho el sol. Pero una vez extendido mi único bártulo, miro con envidia a los que están a la sombra bajo sus sombrillas, tan ricamente acomodados en sus sillas plegables, y pienso que en ese momento son ellos los que se reirán mirando cómo nos retorcemos intentando acomodarnos en nuestras arrugadas toallas.
Dentro de poco y viendo cómo se desarrolla el urbanismo en Madrid no me sorprenderá ver por la ciudad la imagen de una persona portando una sombrilla o por lo menos una silla plegable, ya que parece que los lugares para sentarse no entran dentro de los planes de este ayuntamiento. Cada vez que paso por La Puerta del Sol me sorprende la imagen de turistas y no turistas acomodados como pueden en el bordillo de las fuentes, uno de los pocos lugares que encuentran para sentarse. Y si queréis descansar un rato en la Plaza de Callao mejor que no vayáis acompañados, porque los asientos en ese lugar son individuales.
Puestos a imaginar el futuro de los asientos en las ciudadades hay quien vaticina la privatización de los bancos públicos y la implantación de mecanismos para cobrar a los viandantes que se quieran sentar. Fabian Brunsing, un artista afincado en Berlín, ha diseñado un banco del que asoman unos pinchos espeluznantes que sólo se esconden al insertar una moneda.





El proyecto forma parte de una colaboración entre Interface Design programme de FH Potsdam y Parsons School of Design de New York en la que se pidió a los estudiantes que ideasen un producto pensado para el espacio público. En este enlace podéis ver el vídeo de este proyecto (que parece pensado por la Santa Inquisición) llamado Pay and sit.
Después de ver este proyecto me queda la duda sobre la intención de su autor: ¿Será una crítica para hacernos reflexionar sobre la falta de lugares para descansar en los lugares públicos o lo habrá pensado como un prototipo con visos de futuro?
Lo vi aquí.
Joder , lo del banco con pinchos es de demente, que pasa cuando se te acaba el tiempo? Te los clava?
Estoy seguro de que es una especie de broma, o estos raros ejercicios de diseño que se hacen para provocar.
En caso contrario, no sería difícil imaginar a un niño tropezando y abriendose los cuernos con semejante artilugio. Ufff, ni pensarlo quiero.
Por otra parte, dudo que un sistema así se amortizase por muchas monedas que ponga la gente.
Personalmente, me sentaría en el respaldo y pisaría sobre el espacio entre los pinchos.
También me imagino a más de un vivo con destornillador en mano, y carrito en la otra, desmontándo los bancos para venderlos al peso. Que el hierro se paga bien.
Pooor favor, que no lo vea Gallardón…
Pablo 73 y yo hemos pensado lo mismo. O tenemos telepatía, o los dos somos perros viejos madrileños.
El banco con pinchos no es más que una explícita manera de representar lo poco que interesa a las autoridades de algunas ciudades hacer confortable la vida a sus habitantes. Invierten en obras faraónicas ( la mayor parte de las veces, innecesarias ) que van a dar bien en el periódico o en los informativos de televisión, pero en esos pequeños detalles que hacen más confortable el día a día de los ciudadanos escatiman hasta el mínimo céntimo. Me vienen a la memoria tres ejemplos:
1.- ¿Cuántas fuentes públicas hay en las que se pueda beber, sin tener que entrar en un bar y pagar por una consumición?.
2.- ¿Cuántas casas de baños públicos se mantienen, aunque aún hay muchas casas en el Madrid viejo que no disponen más que de un inodoro?.
3.- ¿Y si a uno le asalta una necesidad fisiológica en plena calle?. ¿Es lógico que incluso en los váteres públicos haya que pagar para tener acceso?.
Son sólo tres ejemplos de servicios que eran gratuitos cuando yo era pequeña ( que tampoco hay que remontarse al Pleistoceno) y que, a su vez, generaban empleos.
Me viene a la memoria una frase del protagonista de “Un enemigo del pueblo”, asediado por las fuerzas del orden, cuando se refiere a su hijos: “¡Yo quiero criar ciudadanos, no contribuyentes!”.
Pues eso.
Si usted se quemase con el sol con tanta facilidad como yo, créame, no se olvidaría de la sombrilla.
Claro que te los clava, carlsongt, haber echado la monedita
Yo también lo veo como una broma, emprendeitor, como una crítica en clave de humor, una exageración de los impedimentos que a veces nos encontramos por las ciudades pero como dicen isabel y pablo73, no demos ideas….
Chandler , se me ha olvidado puntualizar que a la playa voy “no sin mi factor de protección 50” que viene a ser como darse un baño de escayola pero con el que no te quemas.
Retomando el tema de las sillas de playa: ¿cuánto cuesta en la actualidad el alquiler de una simple silla (no hablo ya de tumbonas) en la playa. Como hace siglos que no voy a la playa en temporada alta, no tengo ni idea de cuál es el precio, pero recuerdo que era más que abusivo.
Y hablando de protectores solares, mi hija, en un arranque de delirio creativo, fabricó hace años un bronceador casero que consistía en zanahoria licuada y aceite de oliva. Y como iba a llevar a la playa una lata de mejillones, agregó el aceitetito del escabeche al mejunje y lo embotelló. Nos pusimos todos en una sola mañana de un color ladrillo amarronado, que parecíamos extras en una película de sioux. Otro resultado ventajoso fue que despedíamos tal peste a aliño de ensalada quue nadie puso las toallas a nuestro alrededor. Es una segurencia, Marta, para cuando vayas a la playa.
no creo que bajen de 6 euros por tumbona y día. Me apunto la receta y le cambio el escabeche por zumo de limon
Jope, mire que el aceite y la zanahoria no es que sea mala idea del todo… pero el escabeche de los mejillones…
Anda que le van a dar a uno muchas ganas de ponerse retozón…
Yo, desde luego, me preguntaría muchas cosas si uno de los míos se frota el body con el escabeche de los mejillones y un zumo de hortalizas en la playa.
Luego, que no nos extrañen las noticias, claro.
Croq.
Pues me parece una idea estupenda el bronceador a base de zanahorias y el aceitillo de los mejillones. Puedes echártelo por el cuerpo y además puedes aliñar con él el bocadillo.
mmmm …. mejillones ricos ….
Por cierto, yo el tema de los pinchos metálicos los pondría en la parte superior del respaldo, pero sin posibilidad de introducción de monedas, osea, permanentes. Odio la gente que se sienta en ellos y ensucian con los pies la zona de sentarse.
El otro dia me cobraron 30€ por sombrilla y hamacas. Eso si, incluia colchonetas, toallas y la garantía de alejar por lo menos 30 metros a cualquiera oliendo a mejillones…
El negocio esta en el aire!
Marc, detecto cierta incorrección política en tu actitud: ¿qué es eso de segregar a los que olemos a ricos mejillones en escabeche?. Exigimos la consideración que se merecen todas las minorías étnicas, religiosas o culturales. Y con la crisis que tenemos encima, no te extrañe si, de aquí al final del verano, sea tal la cantidad de bañistas que han renunciado a los bronceadores con glamour que acabamos pudiendo formar un partido político o una plataforma ciudadana.
Yo estoy totalmente a favor de la segregación.
Los que somos atractivos, elegantes, y tenemos un savoir faire natural, no tenemos porqué compartir el espacio con los que son feos, cutres o deslenguados, o los que huelen a mejillón en escabeche.
No des ideas!! lo que para nosotros parece una broma puede que alguien quiera aplicarlo. Me recuerda la nueva política de diseño de espacios públicos del ayuntamiento en la que han suprimido los bancos. Dicen que para evitar el botellon ¿! Mejor un asiento individual, un gran banco da pie a que se agrupe mucha gente…y altera el orden público!!!
Bueno de verdad da resutado el protector de zanahoria? por que lo de añadir aceite da la impresión de que te vas a quemar más.
Javi King, yo recuerdo haber he visto pinchos (y no retractiles) en algunos poyetes de ventanales antiguos para que las personas no se sentasen en ellos, pero no estoy segura de dónde lo he visto (creo que era en Madrid).
Leí hace tiempo en El País, niFUniFA, algo referente a este tema, en el que el Consistorio justificaba los bancos individuales en Callao como una medida para que no se hiciese botellón. El argumento para no plantar árboles es que no existe subsuelo suficiente.
http://www.elpais.com/articulo/madrid/plazas/estan/sentarse/elpepiespmad/20100418elpmad_1/Tes
El artículo se llama muy acertadamente “Las plazas no están para sentarse” y explica como el nuevo urbanismo de Madrid parece que está destinado a fomentar el comercio más que la comodidad de los ciudadanos.
Y respecto a los bronceadores, yo casi prefiero el olorcillo a escabeche que el olor a coco del caribe que tienen algunos. Aunque ya sé que me arriesgo, emprendeitor, Marc, a que no me ajuntéis
¿En este mundo hay gente a quien se le ocurre ideas como ésta?
Sí, sobramos muchos sobre el planeta. Estamos enfermos de la cabeza y sobramos.
Hasta luego.
¿Qué diferencia hay entre tener que pagarle al ayuntamiento por poder sentarse en un banco del parque y tener que pagarle a una cuadrilla de macarras dominicanos a cambio de lo mismo?