Hay que cruzar por el paso de peatones
Martes 11 Mayo 2010 | Marta
Hace poco hablamos en el blog sobre el símbolo del hombre que aparece en los semáforos, el cual nos indica si debemos o no cruzar la calle en ese momento. Hoy voy a mostraros una intervención basada en otra señal de tráfico, el paso de peatones o paso de cebra, relacionada también con el modo de cruzar una calle.

Out-of-place, la obra creada por Donna Wearsmouth y Simon Walvin, consiste en colocar unas franjas blancas, a modo de pasos de peatones, en lugares inverosímiles, como el fondo de un arroyuelo, en medio del campo o en lo que parece una estrecha calle peatonal.



La intención de los autores con esta intervención fue crear reglas, obligaciones, en lugares donde no esperaríamos encontrarlas. Cuando miré por primera vez algunas de las fotografías (en especial la de la vía del tren y la del riachuelo), y antes de leer las palabras de sus autores, interpreté la obra de manera diferente: deduje que los pasos de peatones estaban relacionados con la seguridad y que la intención era crear una confrontación, colocándolos en lugares donde, aunque los viésemos, no se nos ocurriría transitar.
Me parece una obra sencilla y divertida, creo que si yo la encontrase me desconcertaría pero a la vez me produciría una sonrisa. Lo que dudo es lo que haría al encontrarme con ese paso de peatones en medio del campo. ¿Instintivamente cruzaría por él?




A mí me ha perturbado. Dejar atrás la ruidosa y molesta ciudad para adentrarse en un entorno protegido donde llenarse los pulmones de aire limpio y encontrarse un paso de cebra en un arroyuelo es perturbador. Me molesta. Me molesta que alguien se divierta trastornando mi legítimo disfrute de la naturaleza y que se crea brillante o como mínimo audaz por ello.
Hay iniciativas de estas que son inocuas, y otras que pueden resultar molestas. No soy de molestia fácil, pero entiendo que no vale todo y que el límite a mi genial intrepidez está en no condicionar el legítimo disfrute de los demás.
Croq.
“Me molesta que alguien se divierta trastornando mi legítimo disfrute de la naturaleza y que se crea brillante o como mínimo audaz por ello.”
De qué naturaleza?
De dónde saca la idea de que [y perdone si me equivoco, pero creo que es lo que quiere dar a entender] es un entorno no tocable, o no modificable, si su nacimiento ya está diseñado [el del parque, el del mar].
Hay que ser conscientes de que en Europa [no tanto en España, donde la densidad de población es bastante baja] no existe la naturaleza virgen, y que el verde vegetal es otro color más en la paleta de los ingenieros y los diseñadores, y sobre todo, las autoridades locales.
Este matiz es importante, pues en el momento que entendamos que el concepto de naturaleza que tenemos es sintético podremos sacar más partido de la misma.
No es que disienta con el señor rebozado, ni mucho menos. Es que simplemente, no tiene razón. Por supuesto que no vale todo, pero el límite de la genial intrepidez no está en condicionar el legítimo disfrute de los demás, sino en la reversibilidad y el valor añadido consensuado por contrato de mis acciones.
La cuestión, la charada, es que la no tocabilidad o alterabilidad de un espacio es el legítimo disfrute de unos, pero precisamente, la alterabilidad del mismo es el legítimo disfrute de otros, en este caso, del artista.
Ahí es donde entran factores legales, factores de valoración de planificación de presente y de futuro [y ojo, es una figura legislativa vigente, como bien sabrá el rebozado], factores de mercado y factores de desarrollo ulterior.
Disfrutar de la naturaleza no signfica, en absoluto, no modificarla. Porque ya la hemos modificado, y llevamos modificándola muchos siglos. Cuanto más conscientes seamos de esto, mejor aceptaremos las reglas del juego porque éstas serán más transparentes, y podremos sacar mayor partido de la naturaleza.
Estoy en parcial acuerdo con las dos posiciones reflejadas aquí. Es muy interesante el concepto de naturaleza modificada lo que resta peso a la idea de la inalterabilidad de lo que resulta no ser original. Igualmente cierto me resulta que no alterar el espacio no sea más que una de las posibilidades de disfrute y que lo contrario aparente tener la misma legitimidad.
Pues amigo mío, convendrá en que dos situaciones contradictorias y mutuamente excluyentes difícilmente pueden resultar compatibles aplicadas a un mismo entorno, por reversible que pueda ser la alteración que uno postule.
Así que hay que resolver el conflicto: uno quiere disfrutar alterando y otro busca lo contrario.
Acudiremos al Derecho. Si bien es cierto que el Derecho califica, recalifica, modifica y ordena espacios, también lo es que el lugar que ha sido declarado como merecedor de una especial protección acostumbra a admitir poco cambio, sino ninguno, en su interior.
Así que, resolviendo el conflicto, si yo veo al intrépido esgrimiendo su derecho a disfrutar modificando las cosas apelando a la libertad, a los blogs y a su rebelión contra la censura y la sociedad inmovilista y carca, cargado de legitimidad procesal lo presento ante el Guarda Forestal el que, amablemente, le meterá el paso de cebra allí por donde el sol no brilla, le pondrá una multa wapa wapa y lo echa del alteradísimo y antinatural espacio de aspiración natural.
Resuelto el conflicto. El inmovilismo gana, los intrépidos mundi pierden.
JM
Lo siento.
“Derecho califica, recalifica, modifica y ordena espacios,”
No es ni siquiera cierto. El Derecho no hace nada de esto.
Se sorprendería de las posibilidades de cambio reversible que ofrecen, incluso, los espacios más protegidos del mundo.
Y se sorprendería de lo bien que lo hacen los rebeldes de los güebs [esto es, de los blogs y de la red], para mucho problema suyo: lo normal es que todo juege de su parte, y se tengan que ir el guarda forestal y usté a tomarse viento fresco [si es que están en la serranía]: hoy en día la gran mayoría de la gente va con permisos de las autoridades pertinentes a hacer este tipo de acciones.
Repito: La clave aquí no está en el respeto, sino en la reversibilidad por contrato.
Yo lo interpreto como un símbolo muy negativo.
Pponer reglas civilizadoras y constreñidoras de la libertad en sitios en los que esto no es necesario.
Los pasos de peatones son molestos siempre. Los peatones deberían poder deambular libremente por cualquier sitio. Hay zonas donde esto es peligroso, y por tanto se coarta la libertad individual del peatón, en favor de su seguridad y la de otras personas.
Qué le vamos a hacer. Hemos aceptado esto como un mal necesario.
Pero proponer el recortar esa libertad también donde esto no es necesario me parece promocionar la dictadura de las normas.
Alguien nos considera niños. Mentalmente disminuidos. Incapaces de actuar con madurez suficiente como para autoprotegernos… y por eso alguien tiene que poner normas para que no suframos accidentes. Para que no nos hagamos daño.
No sé dónde son esas fotos… pero eso de que el estado nos lleve de la mano a todos sitios y de que cada vez perdamos más nuestra libertad, por el miedo a que nos pase algo, es muy europeo.
Dijo Benjamin Franklin: “quienes pueden renunciar a su libertad esencial para obtener una pequeña seguridad temporal… no merecen ni libertad, ni seguridad”.
Opino que la esencia del hombre es la libertad. Renunciar a la libertad por la seguridad, es renunciar a ser hombres.
(entiendase “hombres” como “humanidad”, no como género masculino”).
Y eso es lo que a mí me sugieren estas imagenes.
Aclaración: Entiendo, por supuesto, que es algo artístico para llamar la atención, y que nadie espera que sean realmente utilizados.
Pero asocio la idea del “paso de peatones” como una restricción de la libertad. Y me ofende encontrar la sugerencia de unas normas restrictivas en un entorno natural.
emprendeitor, completamente de acuerdo contigo, hasta que llegaste a “(entiendase “hombres” como “humanidad”, no como género masculino”)”; con esto has caído en tu propia restricción de libertad, recién impuesta por nuestros magníficos líderes igualitarios… Y no es que tengas que demostrar la ausencia de restricciones desde la que hablas (nadie es libre hoy en día, y vamos a peor), pero tu texto pierde fuerza si lo terminas con esa… “bajada de calzones”.
Puestos a bordear la idea, a mi no me parece mal que se reduzcan libertades a quien ha demostrado no poder vivir con ellas; si robas o matas, cárcel. Si te saltas un paso de cebra o un semáforo de peatones en rojo, multa (o cárcel, visto como está el código de circulación); lo que no es serio es hacer pagar justos por pecadores, o peor aún, a un grupo social por las faltas de otro. Estoy hablando de la nueva “idea”, una más de las que salen de la factoría de la Generalitat de Cataluña/Pere Navarro Productions, reducir la velocidad en los centros urbanos a 30 kms por hora PARA REDUCIR LOS ATROPELLOS. Por el amor de dios, si a 50 por hora la gente se mete entre los coches, se sube a las medianas, cruza por curvas o por desniveles, a 30 van a pasar andando, o se paran a charlar con la vecina… En lugar de perseguir al infractor (el peatón, al que es más dificil identificar y multar -hasta que nos pongan matricula en el cogote, todo llegará) persiguen al mismo grupo de siempre, al fácil. Y luego, a cada pobre desgraciado que vaya a 60 por una calle de 6 carriles, se le condena a 6 meses por doblar la velocidad máxima en ciudad.
Desde luego, está claro que veo un paso de cebra y me enervo ;D
Ayatolah, que no es por criticar, pero es que su comentario de la Generalitat y la velocidad urbana se parece al debate como se parecen Madagascar y mascar.
Croq.
Amby, asúmalo: los abogados dominamos el planeta, no se haga sangre, hombre. Para cualquier iniciativa de estas hace falta que usted trate con gente como yo.
*Risa malvada tipo mwahahahaha aquí*
JM
Sin ánimo de discrepar de tan interesantes opiniones ( que lo son todas, incluso las opuestas ), creo que todos os habéis olvidado de lo principal: el paso de cebra en sí.
A mi me parece muy bien lo de los pasos cebra en el campo, porque, vamos a ver: vas de paseo tan tranquilo y relajado por tu sendero, contemplando las nubes, escuchando el canto de los pajaritos, disfrutando del paisaje…¿y qué pasa si te atropella una ardilla?. En otoño, sobre todo, ven una bellota y se ponen como locas, se lanzan a por ellas sin mirar ni a derecha ni a izquierda.
Hace unos días paseábamos por el campo cuando nos topamos con un toro enorme, no de lidia, pero grande como un tanque, que se había escapado del cercado. Intentaba meterse en otro cercado próximo lleno de vacas y debía de ser algo así como el Robert Redford de los toros, porque las vacas en su totalidad le seguían histéricas por el otro lado de la valla, absolutamente embelesadas y mugiendo como posesas. El camino era estrecho y cómo sería el toro en cuestión que un autobús de viajeros desistió de sortearle y se detuvo hasta que llegó el vaquero y se lo llevó. Nosotros, mientras tanto, sin un triste árbol al que encaramarnos, habíamos permanecido inmóviles como estatuas, maldiciendo las delicias del campo y echando de menos la seguridad de la ciudad. En ocasiones como ésta, un buen paso de cebra y un curso de educación vial a las vacas hubiera venido de perlas.
Bromas aparte, es muy divertida la idea de los pasos en sitios absurdos; el del túnel, sobre todo, me mata.
Croquetas, no me hagas explicártelo, es sencillo: Madagascar sin una Daga, es Mascar. ;D
Croquetas, a mí también me perturbaría, por eso me gusta esta instalación, porque es algo sencillísimo, pero es algo que te da que pensar. A mí me llama la atención que algo me moleste, ya que lo molesto está asociado con algún matiz que si no nos lo mostrasen no repararíamos en él.
Lo que comentas, emprendeitor, es precisamente la idea que los autores quisieron expresar: la existencia de reglas en lugares donde no son necesarias. Estos pasos de peatones pueden resultar molestos porque son completamente innecesarios.
Lo que no se me había ocurrido es que se pudiese asociar un paso de peatones a “una restricción de la libertad”, y en cambio, así es. Quizá lleve tantos años viviendo en una ciudad y doy tan por hecho que “hay que cruzar por los pasos de peatones” que no me he percatado de que realmente está prohibido no cruzar por ellos.
Jotaemy
“Amby, asúmalo: los abogados dominamos el planeta, no se haga sangre, hombre. Para cualquier iniciativa de estas hace falta que usted trate con gente como yo.”
?
No.
Para cualquier iniciativa de éstas lo único que necesito es hablar con un técnico con competencias relevantes de la administración específica a la que me dirijo. Normalmente, basta con la persona que esté detrás de la ventanilla. Esto es, administrativo. No tiene por qué haber estudiado derecho [o ser licenciado en derecho].
Hay cosas que me resultan curiosas en la vida [uno que es sorprendentivo [?] -el palabro no existe, pero cómo me gusta-].
Lo que quiero subrayar hoy es la variación de los símbolos y los iconos. Cómo para nosotros algo tan gráfico como cuatro barras blancas sobre fondo oscuro representan la oportunidad de pasar de un lado a otro. Esto es, gestionan e introducen una prioridad espacial sobre un plano.
Y lo curioso es que, como símbolo e icono, no está consensuado. Esto es, la gran mayoría de iconos o de símbolos que percibimos como correctos, e implantados por consenso y por historia, no lo son.
Pasa lo mismo con la señal de Stop. Hay varios experimentos muy interesantes sobre qué son los iconos y cómo funciona el trabajo gráfico sobre nuestra percepción. Y una de las conclusiones es que los iconos más exitosos o funcionales son aquellos que, precisamente, no surgen del consenso, sino que son impuestos. Pero no sólo funcionan por el hecho de haber sido impuestos, sino que funcionan por la claridad gráfica que aportan.
Una de las cosas más divertidas del paso de cebra es que gráficamente nació como “la zona donde se mezclan dos circulaciones”, y gráficamente representa éso. Lo curioso es que es un paso preheminentemente peatonal: la acera es interrumpida por la calzada, y no al revés.
Y a diferencia de si una cebra es negra o blanca [es blanca a rayas negras, o negra a rayas blancas?], el paso de cebra es siempre blanco a rayas negras, si entendemos las rayas como contaminación de lo blanco.
Por último, señalar que la exquisitez gráfica de esta actuación se debe, principalmente, a que no hay nada reconocible que una las dos partes del paso de cebra. No hay acera, no hay trasposición.
No se cómo es en vuestras ciudades pero en Barcelona el paso cebra, aquel paso entiendo yo para peatones pero en el que no hay semáforo, no se respeta para nada, te tienes que esperar hasta que pasen todos los coches y rara vez hay alguna alma benigna que te permite pasar, ni la policía -experiencia propia-, sólo tal vez algún conductor en prácticas que lo respeta por llevar al lado al profesor o examinador.
Así una vez, estando de viaje, llegué hasta un paso cebra y ví que un coche se aproximaba y se paraba, yo llegué al paso cebra y me paré, para reaccionar al cabo de unos segundos y darme cuenta que el conductor había detenido el coche incluso antes que yo llegara al borde de la calzada, entonces caí en la cuenta: “¡Claro, estoy en Alemania!”
Admiro el civismo de algunos países.