Barreras con los idiomas
Miércoles 26 Agosto 2009 | Marta
Esta semana he cambiado el sol y la playa por los verdes campos de La Provenza. Ayer llegamos a Marsella y desde allí cogimos el tren hasta Avignon, una ciudad medieval preciosa, cuyo puente inspiró la conocida canción francesa. Hoy, en el puente de Avignon, nadie la cantaba en alto, pero yo creo que todos lo hacíamos por lo bajines.
Sur le pont d’Avignon,
L’on y danse, l’on y danse,
Sur le pont d’Avignon
tu ti tu ti, tu ti tón.
Aparte de estos versos, poco más sé en francés. Menos mal que las personas con las que estoy lo hablan muy bien; si no, tendría que pedir las cosas con gestos, señalándolas.
De estas barreras que se producen con los idiomas trata la intervención de Alina y Jeff Bliumis, unos artistas de la antigua Unión Soviética, que para llamar la atención sobre el problema que representa el idioma para los inmigrantes, crearon unas barreras reales formadas por libros, y las situaron en diferentes lugares en Lower Manhattan, Nueva York.


Los libros son de espuma, están hechos a mano por los propios artistas y decorados como si fuesen diccionarios.

Es verdad que el idioma es una barrera grandísima pero creo que si queremos, las personas sabemos comunicarnos. Eso sí, hay que querer.

Las fotografías de la instalación Language Barrier son de la página web de Alina y Jeff Bliumis. Yo lo vi aquí.



A veces el problema no es el idioma, sino las “personas”. Yo vivo en la Costa del Sol y actualmente estoy estudiando inglés. Cuando un extranjero me pregunta en inglés por la calle algo, intento responderle en inglés. Si lo pienso detenidamente, si yo voy a Londres hablando en español no conseguiré moverme del sitio, porque nadie se esforzará en ayudarme si no hablo -o lo intento- en inglés.
Sé que hay idiomas muy complicados (no es lo mismo chapurrear inglés que estar en Pekín intentando leer los nombres de las calles), pero muchas veces el problema es la cerrazón del individuo. Y el caso más llamativo lo tenemos aquí, en España: me parece muy bien que los catalanes, los vascos y los gallegos defiendan -defendamos- lo suyo, pero si voy de visita a Cataluña me fastidia enormemente (me jode, como diría Pérez Reverte) que me respondan en catalán cuando yo pregunto en castellano, y que tenga que decirle yo hasta tres veces que por favor me responda en castellano. Sé que son casos aislados, pero en dichos casos, el problema no lo causa el idioma, lo causa el energúmeno individuo.
Saludos.
Teneis razón, Marta y José GL, cuando decís que el problema de la comunicación no reside en los idiomas, sino en las personas.
Yo soy madrileña y siempre había vivido en Madrid, hasta que, hace bastantes años, me trasladé a Extremadura, una zona en la que rara es la persona que no ha tenido que emigrar alguna vez para encontrar trabajo, por lo que no es extraño encontrar en el pueblecillo más perdido a varias personas que hablan inglés, alemán, holandés o el idioma más peregrino. Y todos ellos, si se encuentran con un extranjero, se desviven por entenderse con él en un idioma común. Sobre todo me llamó la atención que, si el forastero es catalán o vasco, espontáneamente hablan con ellos en esos idiomas.
Los extremeños de los que hablo, cuando han vuelto a su tierra, han retomado sus viejas costumbres y se sienten extremeños hasta la médula, pero cuando hay partidos de fútbol eso no les impide jalear al Barça o al Atletic según en qué autonomía hayan vivido.
Como cuentas, José GL, nada que ver con tu experiencia catalana, que yo también he sufrido en mis carnes. Aparte de demostrar una grosería gratuita, pone en evidencia una cerrazón nacionalista que parece incompatible con el mundo actual, en el que las fronteras se ven como algo que en un futuro no tan lejano acabará siendo superfluo.
Comenté esto con varios amigos y dos de ellos, psiquiatras, coincidieron en que esos nacionalismos culturales encierran simplemente miedo. Cuando uno no está seguro de sí mismo, se aferra a algo que sea su identidad, bien sea una lengua, un territorio o una cultura y es incapaz de aceptar nada “de fuera” porque se le desarma el tenderete mental. No recuerdo quién dijo que los nacionalismos se curan viajando, pero tenía toda la razón. Mi experiencia personal avala esa tesis.
Por cierto, a mi también me encantan los artículos de Pérez Reverte, sobre todo cuando se pone a disparar hasta al pianista. Y siempre, qué razón tiene el condenado.
Leyendo estos comentarios me he acordado de una frase que me dijo una amiga catalana cuando, en no se qué lugar, le ofrecían la información que solicitaba sólo en catalán.
- Pero cuando comprenderán que el lenguaje tiene que servir para entenderse…
Yo en este viaje no estoy teniendo problema: no me entero de nada, pero a la vez, me entero de todo. Es fácil si lo intentas.
À bientôt.
¡Bueno!, que sí,que todo puede resultar malo si se abusa pero vamos, los nacionalismos no son enfermedades. Es cierto que hay “gente” que los instrumentaliza pero entonces usamos palabras como ultranacionalista. ¿Porqué no podemos conocer o hablar varios idiomas? ¿Acaso le resta espacio a nuestro cerebro?, no.
No voy hablar del catalán ni del vasco ni de sus culturas e idiosincrasias respectivas por que lo estaría haciendo de oídas pero en Galicia, donde vivo, el gallego es un segundo plato, algo que intentan eliminar del menú con comentarios o declaraciones como “Hay que devolverle a Galicia el bilingüismo amable”. ¿Somos muy oscos o secos los gallegos por culpa de nuestro idioma?. yo creo que no pero con estos “eslóganes” y alguno que incluía coches ganó Nuñez Feijo unas elecciones.
A mi me gustaría que mis hijos, si algún día los tengo, puedan estudiar gallego, castellano, inglés, francés e incluso portugués en la escuela pública sin restarse espacios como lo hacen ahora. Además el gallego tiene fuertes vínculos con el portugués al proceder los dos del Galaico-portugués por lo cual comparto una herramienta de comunicación con 240 millones de personas, por lo menos me sirve para reducir un poco la pila de libros de Marta.
Creí necesaria hacer esta matización, ahora mismo estoy bastante sensible con el gallego pero igual me excedí, os pido disculpas entonces. Un saudo.
No le des tantas vueltas, amigo miraquedasvueltas. Yo soy gallego de nacimiento, andaluz de adopción, español de convicción, europeo de circunstancias y ciudadano del mundo porque no queda otra -de momento-, y estoy orgulloso de todas y cada una de esas características.
Hace 5 años que vivo en Andalucía, y cuando estaba en Galicia, si alguien desconocido me hablaba en castellano, le contestaba en castellano. Si me hablaban en gallego, les respondía en gallego. Yo no tengo problema ni con vascos, ni con catalanes, ni con árabes, ni con judíos. Si me fuese a vivir a Cataluña o a Euskadi, tampoco tendría problema en intentar aprender su idioma; lo que no soporto es lo que dices de instrumentalizar: que intenten imponerlo a fuerza de arrinconar el castellano. Eso es algo que no se ve en Galicia, por suerte.
Pueden convivir dos o más lenguas sin que las otras se resientan, como conviven aquí las opiniones, incluida la tuya, que no necesita ser disculpada jamás, porque vale tanto o más que la mía o la de los demás.
Un saúdo para ti tamén.
Miraquedasvueltas, ¿de qué tienes que disculparte?. Defiendes tu lengua, pero sin agredir a las otras, y sin pretender arrinconar ni el idioma común, ni las lenguas que más se hablan, postura que sólo denota gran cantidad de sentido común. Un profesor de Valencia contaba hace años (no sé si ahora se mantienen las mismas opciones) que en el plan de estudios se podía elegir entre inglés o valenciano. La madre de un niño insistía en que todo se diera en valenciano. El profesor le preguntó: “Y cuando tu hijo sea mayor, ¿qué preferirá, poder trabajar en Inglaterra o quedarse en el límite con Albacete?”. Y conste que ese profesor era “fan” del valenciano. Lo realmente importante, como dices, es poder elegir sin presiones.
Me encanta viajar a otros países, a distintas autonomías, y escuchar idiomas diferentes, sonidos distintos. Inconscientemente, acabo agregando a mi lenguaje habitual términos recogidos de otros lugares y eso siempre es enriquecedor, que los idiomas no son monolitos, sino que están vivos. Seguro que dentro de unos meses Marta descubrirá con sorpresa que, según el tiempo que haya pasado en Francia, algunas palabras le salen espontáneamente en francés, porque son más exactas que el inglés o el castellano para definir algo determinado. Otras, no: ¿qué puede mejorar “morriña” u “orvallo”?.
Como catalana, me apena las experiencias que habeis tenido alguno de vosotros. Yo os contaré que muchas veces al preguntar alguien en castellano respondemos en catalán porque sencillamente pensamos que la otra persona nos va a entender, si entonces nos dicen que no lo entienden o que están de viaje lo decimos en castellano. No creo que nadie tenga que enfadarse por algo que no se hace con mala intención.
Por otra parte, es penoso que cuando se saca el tema del idioma siempre empezamos con nacionalismos, que si catalanes, que si vascos…
Por favor, hablemos de la intervención artística, que nadie ha comentado nada!