Hace tiempo, aprovechando el curso de formación que dimos a los equipos de venta de las concesiones sobre un nuevo motor, incluimos en el mismo un curso de mejora de técnica de conducción.

Fue un curso excelente, impartido en un circuito que disponía de una pista especial que simulaba diferentes tipos de firme, adherencias y circunstancias. La orientación del mismo era conocer mejor las reacciones del conductor y el coche para aplicarlas en una conducción más eficiente y segura en carretera. Queríamos que los vendedores, cuando hablasen de EBA (asistente frenada de emergencia), ESP o Control de Tracción, lo hicieran desde su propia experiencia.

Yo ya tengo muchos años, y los vendedores eran mucho más jóvenes. Siempre he pensado que los jóvenes compensan de sobra su falta de experiencia con una agilidad y capacidad de reacción mucho mayor. Una vez pasados cinco años de conductor, la experiencia ya no te aporta tanto, mientras la edad nos va haciendo perder facultades de forma paulatina pero imparable.

Sin embargo, los monitores de la escuela me decían como en carretera normal, fuera del entorno de un circuito, los nuevos conductores estaban resultando mucho peores que los de hace años.
La razón que esgrimían era que “en los viejos tiempos” conducíamos coches sin tanto nivel de ayudas electrónicas, y que la carencia de ABS o control de tracción suponía tener que saber dosificar mucho mejor el acelerador o la presión sobre el freno. Las autovías eran escasas, y la necesidad de adelantar en las vías de doble dirección suponía conocer mucho mejor la marcha exacta a la que nuestro motor daba el mejor par, al tiempo que nos obligaba a saber calcular si el espacio entre los coches, el tráfico que venía de frente y las características de nuestro propio coche, hacían viable cada operación de adelantamiento. Ahora puedes hacer un viaje desde La Coruña hasta Almería sin necesidad de adelantar.

Todo ello, sin mencionar los nuevos elementos de seguridad como los controladores de ángulo muerto, luces automáticas, controles de velocidad adaptativos, sistema “pre colisión” o los radares anti alcance como el del Volvo XC60. Todos ellos ejecutan funciones que antes teníamos que hacer los conductores.

Por supuesto que no se me ocurre discutir las mejoras en calidad y seguridad que han supuesto tanto la mejora de la red como de los propios coches. Hay días de lluvia torrencial o en los que simplemente estás cansado, en los que no entiendes como podías antes conducir sin climatizador, sin dirección asistida, sin ESP o sin la sensación de seguridad que supone saber que si las cosas se ponen feas tienes ocho airbags listos para detonar.

Sin embargo, es cierto que me encuentro con conductores jóvenes que tienen verdadero temor a realizar adelantamientos (no forma parte de su “portfolio” de maniobras habituales), mientras que otras maniobras como acelerar, girar o frenar las hacen sin apenas dosificaciones, amparados por las ayudas, suspensiones muy afinadas, neumáticos en medidas impensables hace unos años y, (no puedo olvidarme) carreteras mucho mejores que las de antes.

Como marca tengo claro que nuestra obligación es ofrecer cada vez coches más avanzados en seguridad activa y pasiva, aunque me produce cierta tristeza que otro elemento clave de la seguridad (la pericia y habilidad del conductor) esté disminuyendo.

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