Esta semana he hecho un cursillo de conducción peculiar. De hecho creo que muy poca gente habrá conducido en un circuito el aparato que yo he podido pilotar. A ver, que levanten la mano los que se hayan dado unas vueltas al Jarama con un smart fortwo. Vale, veo algunas. Pues ahora que la levanten los que hayan conducido en el Jarama un coche eléctrico. Vale, veo muy pocas. ¿Y quiénes habéis llevado un smart eléctrico en el Jarama? Vaya, habéis bajado todos las manos 😀

Si ya la combinación circuito del Jarama más smart eléctrico produce emoción, había otra circunstancia particular: era mi primer curso de conducción. Y es que en el tiempo que llevo trabajando en km77.com nunca he hecho un cursillo de conducción.  Miento parcialmente, hice uno con varios amigos en nieve (tremendamente divertido). Pero es que éste de smart es un cursillo básico («Entrenamiento de Conducción de Seguridad»), de esos en los que te enseñan cosas sencillas que la mayoría de los conductores no hace adecuadamente, como sentarse correctamente al volante. De esos que deberían ser obligatorios para obtener el carné de conducir.  Smart lo organizó para “foreros y blogueros”. Yo pertenecía a la segunda especie. Coincidí con mi compañero Iván Solera de  mascoche.net, al que le debo las fotos y los vídeos que ilustran esta entrada del blog.

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Comenzamos la jornada con una charla técnica. Cosas básicas como conducir mirando lo más lejos posible (por aquello de la anticipación), pasando por el trazado de curvas en carretera y terminando con los sistemas de ayuda: el ABS y el ESP (control de estabilidad).

Lo que me contaron ya lo sabía y justo cuando pensaba que poco provecho iba a sacar de ese día, oigo a uno de los asistentes afirmar que el control de estabilidad es algo que sólo sirve para los coches con mal reparto de pesos. Que él había conducido muchos coches y que le parecía innecesario. No entrecomillo la frase porque no recuerdo palabra tras palabra con exactitud. Y ahí me di cuenta de dos cosas. La primera es que a veces, como periodista, doy por supuesto que los lectores, todos ellos, saben cosas que a mí me parecen evidentes. Algo parecido a cuando mi padre se pone a hablarme en términos médicos para decirme que lo que tengo es un puñetero catarro. Así que espero aprender la lección y aplicarme más para que las informaciones que damos en km77.com se entiendan lo mejor posible por todo el mundo, por el que sabe mucho y por el que sabe un poquito menos.

Lo siguiente de lo que me di cuenta es de lo peligroso que puede resultar la mala información. Quien habló así del control de estabilidad escribe de coches. No sé si esa apreciación personal la habrá hecho pública para sus lectores pero, sí es así, es preocupante porque hay gente que se puede creer estas cosas. Si lo de Ricky Martín, el perro, la niña y la mermelada funcionó, esto es mucho más fácil. Y poniendo un símil más del mundo del automóvil, ¿quién no recuerda aquello de que si reducías en un coche con turbo al llegar a una curva te matabas porque el coche salía acelerado como un cohete? Él ignoraba por completo la utilidad del ESP. ¿Cuántas veces habré desinformado o mal-informado yo? Seguro que algunas. Espero que cada vez menos.

Esto es lo que pasa cuando el ESP no está conectado. Esto es lo que puede pasarnos en cualquier carretera.

Perdón, vuelvo al curso-concurso, curso-concurso porque nos iban puntuando en las pruebas. Aprender jugando, que decía un anuncio. Nos dividen en grupos de tres y nos reparten por las distintas pruebas. Junto con Iván tuve de compañero a Jorge, del blog 8000 vueltas (un placer, Jorge).

Comenzamos haciendo un recorrido en forma de ocho, con un suelo deslizante. Los circulos del ocho imaginario eran de distinto tamaño y estaban en pendiente. Aquí ganaba el que tardase menos tiempo en dar una vuelta, siempre que frenase el coche  entre el espacio que marcaban dos conos (las ruedas delanteras debían quedar entre el primer y el segundo cono). Me subo en el smart, me coloco el asiento, arranco, acelero a fondo, hago un giro cerrado a la izquierda y….¡el coche se queda acelerado en punto muerto! No, no es una avería, es que mi muslo ha empujado la palanca a la derecha. El smart tiene un cambio manual pilotado, con una palanca con recorrido en forma de h. El carril izquierdo (el palo largo de la “h”) es para subir o bajar marchas (si no se desplaza longitudinalmente funciona de modo automático), en el derecho está, en medio, el punto muerto y, abajo, la marcha atrás. Afortunadamente era una vuelta de prueba, así que me apreté el cinturón (el de seguridad, no el otro) todo lo que pude  y me recoloqué para que la pierna no volviese a cambiar a punto muerto por decisión de la fuerza centrífuga. ¿Mi tiempo? No me lo dijeron.

De ahí fuimos pasando a otras pruebas en las que se podía comprobar las bondades (casi milagrosas) del ESP y del ABS (frenada con esquiva final). La prueba más racing era un “Mickey Mouse”: un trazado pequeño marcado entre conos, con poca recta y mucha curva. Ahí hice el mejor tiempo del día, pero duró poco, exactamente los cincuenta y cinco segundos y pico que Jorge necesitó para ganarme.

Y la prueba más cachonda: había que aparcar smart fortwo eléctrico en cinco huecos distintos marcados por conos. En tres de ellos había que meter el coche de frente, en otro de culo y el restante era un aparcamiento en línea. Así contado parece sencillo pero, no se podían tocar los conos que limitaban los huecos de aparcamiento, que  estaban muy juntos, y había que hacerle en un orden predeterminado, por lo que convenía meditar cuál era la mejor estrategia de cara a elegir el camino adecuado para pasar de un hueco al otro. Y yo medité, pero poco. Me tocó debutar en mi grupo-trío (nos íbamos turnando) y lo había hecho muy bien según el instructor si no hubiese sido porque Iván meditó más y mejor:  vio una forma mucho más sencilla de llegar al último hueco: donde yo hice tres, cuatro o cinco maniobras (ni lo recuerdo), él necesitó una. Machacó mi tiempo.

Tras la comida, la prueba final: un recorrido en una explanada asfaltada en el que había zonas deslizantes (asfalto pintado y regado), zonas secas y un slalom que alternaba apoyos en mojado y en seco. Y aquí, una vez más, hay que aplicarse la misma regla que en los slalom en los que participo, una variante del “No por mucho madrugar amanece más temprano”. Esto es, que cuanto más fino y suave, mejor tiempo se hace. Así que fui rápido donde se podía y todo le lento que creí necesario en algunas zonas. Y no me fue mal.

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Si alguno se pregunta ¿puedo hacer yo este curso-concurso? Pues smart no lo hace, pero Mercedes-Benz sí lleva a cabo uno parecido para sus clientes en los circuitos del Jarama, Cheste, Jerez y Montmeló.

Y antes de irnos tuvimos la oportunidad de rodar con los fortwo en el circuito del Jarama. Primero con uno con motor de gasolina y luego con el eléctrico. Estaba emocionado pensando la sensaciones que iba a experimentar bajando Bugati con un coche que es más alto que ancho. Pero fuimos detrás de un monitor, despacito, casi de paseo. Vamos, que la trazada válida no era una, eran todas: por el interior, por el exterior o por el medio de la curva. Experiencia opuesta a la reciente con el BMW Serie 1 M de hace unas semanas. Si con aquel la distancia entre curva y curva se hacía muy pequeña, con el smart da tiempo de pensar en tus cosas… y en las del de al lado.

Celedonio

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