Mis augurios se han cumplido. Llegó Torremocha y con Torremocha el desastre.

Todo empezaba mal. Marcos, mi heredero, decidió —una vez más— darnos la noche. Me puse el despertador a las 06:30 de la mañana y a esa hora sonó; dos minutitos más y me levanto. Y esos dos minutos se transformaron en 27 minutos. Me lavo y visto todo lo rápido que puedo. Duna, nuestra perra, me mira con cara de qué-coño-haces-dándote-golpes-con-los-muebles-a-estas-horas-de-un-domingo.

Bajo al garaje. Arranco el bólido y voy a la gasolinera. Hago un repostaje que daría envídia a RedBull o Ferrari,  e inicio el viaje. Torremocha está a 135 km de mi casa, unos 130 por autovía. Son las 07:15 y las verificaciones comienzan a las 08:00. Llego a las 8:25, más o menos. Sin problemas. Recojo los dorsales y coloco la publi. Me ha tocado el dorsal 2, soy el primer turismo en salir a pista ya que el número 1 lo tiene un kart-cross.

A la cabeza me vienen los recuerdos del año pasado. El Yaris era ingobernable, patinaba al frenar, patinaba al acelerar. Y entre frenar y acelerar, hacía de todo menos lo que yo quería.

Llega mi turno, la vuelta de entrenamiento. Meto primera, revoluciono el motor, me dan la salida. Los neumáticos patinan los primeros metros, engrano segunda y llego a la primera curva. Ahueco un poco. Bien, el coche no desliza casi. Me sorprende. En las siguientes curvas tampoco hay sorpresas y acabo la vuelta contento, sin fallos y con un coche que, o por la temperatura (8 ºC) mucho menos fría que el año pasado o por los neumáticos, que cambié tras el desastre del año pasado, ha ido mejor de lo esperado. Acabo moderadamente contento. Mi alegría dura hasta que publican los tiempos: decimotercero de la general y octavo de mi categoría. Y yo que pensaba que no lo había hecho mal…

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Se acerca el momento de iniciar la primera manga. Del cielo comienza a caer agua. Llueve, poco, lo justo para que la pista se moje y con el aceite y la suciedad se convierta en una pista de patinaje. Sale el kart-cross, subvira, sobrevira, hace de todo menos ir por donde debe. Me toca. Repito el ritual: Meto primera, revoluciono el motor, me dan la salida. Los neumáticos patinan los primeros metros, engrano segunda y llego a la primera curva…maaaaaadre, el coche de costado. Segunda curva, maaaaaadre, el coche de costado. Tercera curva….¿lo adivináis? Pues eso. Y unas cuantas curvas más tarde y sus correspondientes contravolantes, salgo de una de ellas, debo hacerlo por el interior porque hay que pasar por una puerta. El coche no entra, el coche se va, se va, se va…se fue, del todo, al campo, a por patatas. Doy un par de botes, algo roza contra el suelo ¿me habré cargado el paragolpes? regreso a pista y termino la vuelta.

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No hay daños graves, un pequeño labio de plástico ligeramente descolgado. Esta vez ni me molesto en mirar los tiempos. Bueno, los miro, por morbo. Soy el primero empezando por la cola. Según se fue secando la pista los tiempos mejoraban, los últimos coches quedan en los primeros puestos.

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Llega la última oportunidad. Segunda manga. Meto primera, revoluciono el motor, me dan la salida. Los neumáticos patinan los primeros metros, engrano segunda y llego a la primera curva… el coche va por su sitio, el asfalto ya no resbala. Hago la vuelta lo mejor que puedo. Creo que lo he hecho bien. Cuando termina el coche número 31 publican los tiempos. Decepción. Haciéndolo bien he quedado el octavo de la categoría, decimocuarto de la general.

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Enhorabuena a Themis por ese primer puesto, me alegra un montón. Y la clasificación final:

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Y debajo de estas líneas, la clasificación del campeonato. Sigo primero, posición que no creo poder conservar tras la próxima y última carrera. Es en circuito, así que el pronóstico es reservado dentro de la gravedad 🙂

campeonato

Alfonso Herrero

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