Aviso, no voy a contar nada sobre el coche en esta entrada, la información está publicada aquí. Dicho esto, continúo.

Las presentaciones de un coche nuevo son muy diferentes. Más o menos aprovechables laboralmente. Más o menos divertidas. Más o menos interesantes. En ocasiones, como ha ocurrido en esta del Touareg, las circunstancias convirtieron las primeras horas en una prueba de paciencia al volante.

Tras aterrizar en el aeropuerto de Florencia nos llevaron al punto de encuentro, un hotel en las afueras, donde esperaban los coches de pruebas. El primero era el híbrido, que se conducía por un recorrido urbano.

Entramos en Florencia con el coche, sin demasiados problemas y siguiendo las indicaciones que el navegador nos daba. Hasta que llegamos a una calle donde comenzó el jaleo. Avanzábamos despacio y el tráfico era muy denso.

Conducir en Italia es una experiencia diferente. Imagino que lo mismo pensarán otros ciudadanos del mundo cuando vienen a España. En Italia, donde cabe un coche hay un coche. Y es posible que en una avenida de tres carriles se formen cinco filas. Así que nuestro Touareg estaba rodeado, a escasos centímetros, por batallones de Fiat 500 y Panda.

Más peligrosas me parecieron las motos, no para mí sino para sus conductores. Hay muchas y tienen que circular zigzagueando constantemente entre los coches parados para poder avanzar. Contra nosotros impactó una, concretamente lo hizo contra el retrovisor derecho. El motorista, se paró, retrocedió, comprobó que no le había pasado nada al coche, pidió disculpas y continuó su laberintístico recorrido.

El tráfico cada vez era más denso. La cosa empezaba a pintar mal, no porque tuviésemos prisa para llegar a ningún sitio, sino porque a nadie le apetece pasar hora y media en un coche para recorrer 12 km (por mucha tecnología híbrida que tenga…).

Me sorprendieron dos cosas. La gente cambia de carril sin miramientos, da igual que el del carril anexo les facilite la maniobra o no. Meten el morro del coche y poco a poco lo consiguen (supongo que es la versión automovilística del dicho que dice con paciencia y saliva se la metió el elefante a la hormiga). Y todo esto ocurre generalmente, no siempre, sin bocinazos ni discusiones (que también las vimos, pero ni la mitad de lo que se puede ver en Madrid en una situación parecida).

La otra es que un coche de los Carabinieri (la poli italiana) se chupó el atasco con las luces del puente encendidas (sin usar la sirena) como cualquier hijo de vecino. Imagino que mucha prisa no tendrían. O no se enterarón de que las llevaban activadas.

Acabamos el atasco con una velocidad media de 8 km/h y un consumo de 21 l/100 km. No sé qué habría pasado con el anterior Touareg W12.

Durante la cena compartí mesa con Bárbara Santos, Jefa de prensa de Volkswagen España. Me contó secretos inconfesables. Y no, no os los puedo transmitir a vosotros porque, en caso de hacerlo, os tendría que matar después. O eso, o me mata ella a mí.

Previa a la cena hubo una mini-rueda de prensa. Para mí, lo más destacable fue el anuncio de que Volkswagen está metida en el desarrollo de coches eléctricos y cuyo primer modelo de producción se debería comercializar en 2013. También dijeron que un año antes, en 2012, venderán un Jetta híbrido en EE.UU.

Volviendo al titular de este texto, qué gran película la de Un trabajo en Italia (The italian Job), la primera, la de Michael Cain. No sé si habrán hablado de ella nuestros vecinos del blog “Cine a las cuatro ruedas”.

Y hablando de vecinos, el último vecino del bloque, Arturo de Andrés, es mencionado por David Ayala en su blog “Periodista motor”. David, es un colega de profesión que tuvo a bien dedicarme una entrada a mí, que soy un Don nadie, hace unos meses en otro blog donde escribe. Como dice mi madre que es de bien nacidos ser agradecidos y ahora ya soy blogger, blogero o como se diga, le devuelvo la atención (en realidad lo hago porque me guardó el asiento de la fila de la salida de emergencia en el avión…:)).

Seguiremos informando.

Alfonso Herrero

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